Por: Luis Carlos Vélez

El enemigo interno

La refrendación del proceso de paz tiene un enemigo más grande que el Centro Democrático y es el propio Gobierno.

El muy mal manejado episodio de la cartilla, la semana pasada, puso en evidencia que la aprobación del plebiscito es frágil y que cualquier equivocación de la administración Santos será cobrada con una negativa en las urnas. Con el error del Ministerio de Educación, la administración perdió votos que, por más explicaciones que se den, no volverán. El asunto es ahora evitar la hemorragia.

La ministra Gina Parody es una profesional de primera, trabajadora, disciplinada, comprometida, estudiosa y honesta. Pocos individuos tienen tantas cualidades como ella en la política nacional. Conozco de su entrega a los temas que aborda y la intensidad con que los desarrolla, por eso cuesta mucho aceptar su versión de que el documento dirigido a los docentes llamado Cartilla Ambientes escolares libres de discriminación fue publicado sin su autorización a pesar de ser un tema de trascendencia nacional.

El documento, aunque algunos traten de bajarle el tono, es muy importante y su contenido deja mucho que desear. Es un ladrillo técnico, amplio en conceptos legales, poco didáctico, aburrido y sesgado. Sí, tal cual, sesgado. Entre sus destacados creadores no se incluyó a representantes de educadores, alumnos o voces divergentes, como la de la Iglesia católica. Si era un manual de tolerancia, inevitablemente debió partir del consenso y no de una premisa.

A través de la sentencia T-478 del 2015, la Corte Constitucional ordenó revisar los manuales de convivencia para evitar que se repitan los casos como el de Sergio Urrego. Entonces, si tal y como dijo la ministra, el manual no había sido publicado, todavía no se ha cumplido la orden de la Corte y por lo tanto el tema sigue abierto.

El mal manejo de este tema le dio una gran oportunidad a la oposición de capitalizar seguidores y, en momentos en que cualquier cosa que le sale mal al Gobierno afecta directamente al proceso de paz, inevitablemente lo que acaba de suceder representa una patada en el estómago a la campaña del sí en el plebiscito.

Quiero creer que Colombia no es un país tan intolerante como algunos en las marchas hicieron ver. Más bien me inclino por pensar en que es una nación muy mal informada y altamente azuzada. Los políticos han encontrado la manera de inundarnos de miedos y verdades parciales que desesperan y generan reacciones desproporcionadas. Guardo la esperanza de que la pedagogía y el análisis se impongan en este tema y los demás en juego. El problema de esto es que para aprender se necesita tiempo, y en Colombia vivimos como si no hubiera mañana.

 

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