Por: Nicolás Uribe Rueda

El enredo español

Se completan ya un mes y diez días desde que las elecciones generales en España tuvieron como resultado el fraccionamiento minoritario del Parlamento y la radicalización de sus líderes, que parecen más empeñados en evitar que otro gobierne que en lograr construir un proyecto político estable para España en la próxima legislatura.

El Partido Popular, que gobierna desde hace cuatro años, logró mantenerse como primera fuerza política, pero perdió la mayoría absoluta y 63 escaños. Este partido dejó perder 3’500.000 de votos con respecto a las anteriores elecciones y fue castigado principalmente por la corrupción política que lo salpica al involucrar en escándalos a varios de sus más importantes militantes. Claramente, aunque no se reconozca, este resultado no es una victoria sino una derrota disfrazada de primera minoría. Su situación es difícil como nunca, pues, pese a su derecho preferencial a formar gobierno, experimenta como ninguno otro un rechazo generalizado de los demás grupos parlamentarios, quienes no quieren asumir el costo de hacer pactos de gobernabilidad con un partido que en la actualidad representa la corrupción en la política. Rajoy, el presidente en funciones, parece un paria, con quien nadie quiere sentarse a discutir un pacto por el temor a contagiarse de su desprestigio.

Los socialistas de Pedro Sánchez están también en aprietos. Por un lado, los amenaza y acorrala el crecimiento de Podemos, que busca marchitarlos como el principal partido de izquierda, y por el otro los presiona la tensión interna generada por las ambigüedades de algunos militantes frente al tema de las independencias. Lo cierto, sin embargo, es que Sánchez podría llegar a la Moncloa con un pacto de perdedores que le permitiría lograr la investidura y gobernar precariamente en medio de una tenaza fraguada por el populismo antisistema de los aprendices del chavismo (Podemos) y el separatismo nacionalista que está en boga.

Así las cosas, España se enfrenta a la italianización de su política, y sus líderes son neófitos en las habilidades necesarias para construir acuerdos en estas circunstancias. Se habla hasta ahora de un pacto de investidura, pero se ignoran las bases de un proyecto político estable para España, un país que tiene frente a sí la necesidad de recuperar su economía, enfrentar las amenazas de los separatistas, recobrar su papel en Europa, combatir la corrupción, reformar la Constitución y mantener las bases del Estado de bienestar.

Nada está descartado en política; sin embargo, no parece fácil pensar que en las próximas semanas pueda abrirse paso un gobierno conformado por los tres partidos nacionales (PP, PSOE y Ciudadanos) para garantizar la unidad de España y frenar el avance desestabilizador de los antisistema. Para estar ahí deben cumplirse requisitos impensables hasta ahora, como, por ejemplo, la sustitución de Rajoy o Sánchez como candidato, pactos autonómicos de gobierno e incluso la cabeza de algunos líderes partidistas regionales. Pero, sobre todo, falta a los líderes políticos algo más de generosidad con España y les sobra la ansiedad por ocupar algunos cargos.

@NicolasUribe

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Nicolás Uribe Rueda

Indiferencia

Dosis de solidaridad

Votaré mañana

Posmermelada

Obras son amores