Por: Columna del lector

El espejo

Movilizarnos ante una tragedia de tal calibre en Colombia implicaría movilizarnos casi todos los días.

Por Ana Guerrero

Lo de Yuliana Samboní no es un caso aislado, es la muestra de la sociedad que somos. Entonces, pensar en penas de por vida es un despropósito. Las cárceles están repletas porque crímenes no van a dejar de suceder. ¿Cuál es el mensaje que queremos enviar? ¿No viole, no mate, no maltrate porque se va a podrir en una cárcel? ¿No actúe erróneamente porque está siendo vigilado y va a ser castigado? Si la solución es castigar, no hay solución: ya las mataron, ya las violaron, ya las maltrataron, y si creemos que los victimarios dejarán de cometer crímenes de este calibre por miedo a la pena de muerte, somos bastante básicos.

Estoy de acuerdo con la movilización ciudadana. La gente debe salir a las calles a decir que está inconforme, que cambien las cosas, o a decir que está conforme, que sigan así. De eso se trata la democracia, creo, de hablar y participar, aunque se hable y se participe de más o se hable y se participe de menos. Pero un país donde prender velas, dar amén por Facebook, poner #algohumanitario y/o cambiar la foto de perfil es la mayor muestra de empatía, es un país que está sumamente equivocado y conforme. Un país que dice no necesitar un enfoque de género en nada porque éste sólo responde a que los gais se casen es un país ridículamente desmedido. Salir a poner velas a los muertos no previene que más gente muera y tampoco creo que Dios tenga Facebook.

Lo que asusta del esquema no es que esto pase; esto siempre pasa. Lo que asusta es nuestra actitud que posibilita que esto suceda. Supongamos que usted sabe que hay una posibilidad gigante de que lo maten: le dicen que una persona X, nacida en X condiciones, posiblemente lo va a violar, a maltratar y a matar (no sabe la razón puntual, pero si pasa, va a ser uno de esos crímenes que todos repudian). ¿Usted qué haría? ¿Lo mataría antes de que cometa el crimen? ¿Andaría armado para darle bala apenas se le acerque? ¿O le daría herramientas para evitar al máximo que esa situación ocurra? Si su respuesta es la primera o la segunda… estas cosas jamás dejarán de suceder.

Ahora, no supongamos, pensemos en esto: piense en todo el porno que consume y que no sabe bajo qué circunstancia se produce. Pero ella se llama Lolita y parece no vivir cerca, no debe ser menor de edad y le deben pagar bien por eso. ¿Está seguro? Pensemos también qué podemos hacer nosotros desde donde estamos parados.

Con esto no digo que no deba haber castigo. A estas alturas lo mínimo que podemos y debemos hacer es castigarlo. La impunidad es fuente de más odio. Pero cada condena debería tener un andamiaje educativo que intente evitar por todas las vías posibles que alguien llegue a ser victimario. También debemos pensar una estrategia para que desde muy pequeños seamos capaces de exigir respeto, para que seamos capaces de hablar. Si habláramos y escucháramos a tiempo, menos cosas lamentaríamos.

Me gustaría pensar que esto no va a volver a pasar. No me quiero conformar con saber que, cada vez que suceda, alguien va a salir castigado. Por cada victimario, condenado o no, hay al menos una víctima: por lógica, la lista crece para los dos lados. 

 

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