Por: Catalina Uribe

El espejo negro de Donald Trump

Mucho antes del brexit y Trump, la serie británica Black Mirror lanzó el episodio “El momento de Waldo”.

En este se narra la historia de un comediante quien, a través de una pantalla móvil, personifica a Waldo, un oso azul que con insultos se burla de los cánones. El oso se hace famoso por su capacidad de humillar y de ir en contra de lo políticamente correcto. Su fama es tal, que los productores deciden lanzar a Waldo a la política, obteniendo un éxito arrollador. Cuando el comediante se da cuenta del absurdo, decide renunciar, aunque ya demasiado tarde, pues todos adoran al oso, sin importar quien lo personifique.

Al igual que con Trump, lo que empezó siendo un chiste de una caricatura que decía todo tipo de estupideces terminó por salirse de control. Entre más violencia y odio proyectaba, más personas adherían a su campaña. El error de quienes en un principio despreciaron al oso fue creer que era una mera ficción y que sus seguidores eran un montón de desinformados. Por el contrario, la naturaleza humana abraza los discursos de odio cuando se quiere culpar a otros de los problemas propios.

El triunfo del Brexit y de Trump nos dejan varias lecciones. Una de ellas es que debemos dejar de infantilizar a los adultos votantes. Sin importar el nivel económico o el grado de educación, quien vota lo hace pensando siempre en su interés. Y hay que repetirlo: en Europa y en Estados Unidos el odio a los inmigrantes es real. Los odian porque los culpan de las desgracias propias, porque representan una amenaza para su empleo y su cultura y, triste y mayoritariamente, por su color de piel.

Y de ahí se desprende la segunda lección: el ser humano tiende a ser malo y ambicioso, a estar dispuesto a hacer daño únicamente por querer más para sí mismo. Este interés está en casi todos. Pero el hecho de que seamos capaces de entender los motivos para ser crueles no implica que se puedan permitir prácticas atroces. Una vez se cruza la línea de la crueldad, la tendencia es a estrechar los límites entre lo que es sensato y lo que no.

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