Por: Manuel Drezner

El flamenco intelectual de María Pagés

El nuevo espectáculo que presentó María Pagés en el Santo Domingo trata de hacer un estudio de lo que, según ella, debe ser la mujer y cómo debe ser vista.

El título es un poco despistador, ya que al llamarse Yo, Carmen uno espera variaciones sobre el personaje de Merimée que tan bien llevó al campo de la ópera Bizet. Pero lo único que tiene que ver el espectáculo con Carmen es el uso ocasional de transcripciones de la música de Bizet, y así podría llamarse igualmente Yo, Carmela o Yo, Facunda o algo por el estilo, puesto que esa Carmen liberada y rebelde que nos dio el novelista es reemplazada aquí por un personaje bastante doméstico que hasta —literalmente— barre y quita el polvo con un plumero. Como ya se dijo en otra ocasión, quienes busquen el flamenco de los tablaos quizá se desilusione con la concepción de María Pagés, ya que se trata de una interpretación novedosa del baile y nadie puede negar que se trata de un espectáculo no habitual. Sin embargo, me temo que el laudable deseo feminista de la bailarina, que va al extremo de no usar sino bailaoras, sin ninguna intervención masculina, limite un tanto lo presentado, ya que lo que se vio no da para hora y media de presentación y al final deja la impresión de algo repetitivo. El deseo de María Pagés de usar el baile flamenco no para expresar emociones sino convicciones personales le da un toque intelectual que uno no asocia habitualmente con el flamenco, y es evidente que en el espectáculo hay un fondo de expresión propia que es interesante, más con el uso de interesantes trozos literarios para dar énfasis a que se trata de algo más relacionado con el cerebro que con el corazón.

Todo lo anterior se puede resumir en que no hay razón para usar el personaje de Carmen en la obra, ya que lo que la autora muestra es precisamente todo lo contrario de lo que era la gitana, y que sin necesidad se limitó ella misma al no usar todos los recursos que hay en el género de la danza flamenca. Fue mucho mejor el espectáculo pasado que nos dio María Pagés, que aunque dentro de las mismas premisas que el que se comenta, fue mucho más completo. Ella sin duda es una artista que trata de explorar campos diferentes y de dar versiones novedosas de un género tradicional, y no cabe duda de que sus experimentos son interesantes, así no den los resultados esperados.

Hay que lamentar el uso de una amplificación inadecuada que no permitió que se entendieran los textos, algo muy necesario en este tipo de presentación. Aquí hemos oído flamenco sin amplificación y los resultados mostraron que no es indispensable.

 

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