Por: Salomón Kalmanovitz

El gran raponazo en Venezuela

La salida de circulación del billete de 100 bolívares desató reacciones violentas en toda Venezuela con la quema de sedes bancarias oficiales y el saqueo de los pocos bienes disponibles en las tiendas.

El Gobierno aplazó la medida, pero aun así los ciudadanos pasarán las festividades haciendo colas para cambiar sus billetes. Se trata de un signo cuyo papel vale más que el valor que representa, pues equivale a sólo $60 (sí, 60 pesos). Cualquier operación mayor requiere de carretadas de bolívares y consignarlos exige camionadas.

¿Por qué tantos papelitos disfrazados de dinero? ¿Se trata de un complot de las fuerzas imperiales y de la derecha colombiana o brasileña? Pues no: los responsables son el gobierno bolivariano y un banco central que carece de independencia. El primero incurre en un déficit equivalente a una cuarta parte del producto anual venezolano (The Economist), mientras que el segundo lo cubre con la impresión de billetes que cada día pierden valor. La nueva medida extirpa la mitad de todo el circulante, lo cual puede ser deflacionario; sin embargo, la emisión excesiva de los nuevos billetes de entre 500 y 20.000 bolívares que sacará por estos días el Banco Central de Venezuela (BCV) hará que retorne la hiperinflación si no se atienden sus causas. El alza de precios será de más de 720 % en 2016 y por eso es mala idea acumular efectivo.

Otra causa de la crisis fue la caída de los precios del petróleo, pero todos los países productores la han sufrido, frenando el crecimiento de sus economías, mas no tiene por qué enmiserar a la población ni llevar a la masiva expropiación de la poca riqueza que les queda. Ese es el trasfondo de la política del BCV, en la que se daba un plazo del 13 al 15 de diciembre, extendido hasta el 2 de enero después de los disturbios, para consignar en cuentas bancarias o cambiar los billetes de 100 bolívares por los de menor denominación. Habrá un plazo adicional, pero los interesados tienen que llevar las cargamentos de efectivo a las oficinas del BCV que disponen de una ventanilla en Caracas y otra en Maracaibo que, si las alcanzan, pueden terminar capturados por la autoridad. Así que no sólo expropia a los bachateros —que así llaman a los que hacen rebusque en el comercio fronterizo—, sino a todos los que no alcancen a cumplir con los plazos perentorios.

Hay responsabilidades adicionales del régimen chavista: la campaña de expropiaciones de negocios y plantas de producción, entregados a huestes leales pero incompetentes o corruptas, una reforma agraria fallida que llevó al desabastecimiento alimentario y redadas contra las bodegas de los comercios, más los absurdos controles de precios, han llevado a una carestía generalizada. El Producto Interno Bruto cayó 6 % en 2015 y en 2016 se contraerá otro 15 %. La pésima administración de la empresa petrolera estatal hizo que cayera su producción en más de un millón de barriles diarios, al tiempo que triplicaba su planta de personal; su enorme déficit también se cubre con emisión del BCV. El control de cambios ha permitido el enriquecimiento de la llamada boliburguesía, aumentando la penuria y la devaluación del “bolívar fuerte”. No hay duda que la desintegración económica del régimen bolivariano es autoinfligida.

Para adquirir la canasta básica en el mercado negro de Venezuela en octubre de 2016 se requerían 20 salarios mínimos. Entretanto, en el mercado legal no había existencias.

 

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