Por: Ricardo Bada

El idioma oficial de los EE. UU.

Si abren ustedes el artículo de Wikipedia dedicado a los Estados Unidos, en la columna de datos estándar, a la derecha, verán que al lado de las palabras “Idioma oficial” dice: “Ninguno a nivel federal”.

Resulta cuando menos curioso que el país teóricamente más poderoso del planeta no parezca haber sentido nunca la necesidad de reconocer como lengua oficial suya aquella en que los padres de la Patria redactaron la Constitución y sus representantes parlamentarios formulan hogaño las leyes que gobiernan el país. Aunque, bien visto, pudiera ser que tanto los padres de la Patria como los senadores y diputados de hogaño partan de la base del “destino manifiesto”, incluso en lo que se refiere al idioma. Porque para ellos es evidente que Dios se expresa en inglés.

Hace ya más de tres años, en el foro de una columna mía en este mismo diario, uno de mis lectores más asiduos, don Samuel Whelpley, desde Barranquilla, me explicó que “ni las leyes ni la Constitución de EE. UU. señalan que el inglés es el idioma oficial del país. A nivel de estados existe un movimiento llamado English Only, que lucha para que el inglés sea declarado idioma oficial, y ya 30 de ellos lo consagran así. Pero a nivel federal y del gobierno central, en teoría, podrían dirigirse al resto del país en persa, español o alemán (el cual, por cierto, al momento de la independencia, pensaron en usarlo como idioma oficial)”.

Le agradecí por esa información que no poseía, repitiendo lo que dizque suelen decir las putas con un alto nivel profesional: nunca se acuesta uno sin aprender algo nuevo. Pero lo que me pregunté luego, pensando en lo tinterillos que son los gringos, es que si no hay un idioma oficial, no sólo el gobierno federal puede dirigirse a los ciudadanos en el idioma que le dé la republicanísima gana, sino que también todos y cada uno de los ciudadanos podrá dirigirse a cualquier instancia del Estado en el idioma que le salga de las narices, y el Estado estaría en realidad obligado a admitir ese documento.

Para mi gran sorpresa, don Samuel me contestó ipso fuckto que así es: “¡Si viera usted la cantidad de traductores que viven de eso en los juzgados y en algunas oficinas federales...!

Es una verdadera legión”.

Con lo cual se rasgó como por arte de magia el velo del misterio y vine a descubrir por qué los Estados Unidos del Norte de América situados entre Canadá y los Estados Unidos Mexicanos no sólo carecen de un nombre (hay que identificarlos como acabo de hacerlo, por su ubicación en el mapa) sino que también carecen de un idioma oficial: ¡¡¡carecen de él porque es un negocio!!! Lo teníamos tan delante de los ojos que por eso mismo no lo veíamos.

 

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