Por: Felipe Jánica

El modelo alfabético: Aún vigente

Los acuerdo de la Habana, conllevan desafíos importantes sin duda.

Muy a pesar de las discusiones profundas o de pasillo entorno del sí o del no, lo realmente rescatable – y no sólo por el acuerdo – es la oportunidad de generar una reforma estructural y que ésta no sólo sea tributaria. Más bien una reforma en educación.

Se dice que la educación es poder. Por supuesto cuanto más se aprende sobre un arte, oficio o profesión, más oportunidades se añade a los individuos. Bien lo decía nuestro poeta colombiano Rafael Pombo en su cuento: El Modelo Alfabético…¿Quieres ser hombre completo, hombre a prueba de alfabeto?... Experto en algo especial, franco fiel, firme y formal…”

Así pues, el acuerdo de paz podría convertirse en un caballo de batalla, si el Estado lo decide, en la transformación de la educación. Para ello es necesario que se promueva una reforma educativa estructural. Pero esta reforma no sólo debe tener asuntos que polaricen la discusión, por ejemplo la mejora de sueldo de los educadores que si bien es cierto es necesaria, hay asunto que representan mayor significancia. Uno de ellos es la cobertura a todo el territorio nacional. Justo en el texto de acuerdo de paz, el numeral 1.3.2.2., describe la cobertura de la educación rural. Aunque ambicioso el acuerdo en materia de cobertura rural, ese mismo numeral del acuerdo, podría ser el inicio de una reforma estructural en educación para no sólo brindar cobertura en lo rural sino en lo urbano y más allá de ello en especializar en algo especial a los ciudadanos colombianos.

Sin lugar a dudas, el esfuerzo en la educación es imperativo. La reforma en educación, debe tener su génesis en la básica y sobre todo en la cobertura, que no es sólo lo rural. Aunado a todas las recomendaciones de entidades multilaterales y con observancia de las mejores prácticas internacionales aplicables en la arena local, la educación básica debería incluir, desde edades tempranas, cátedras de innovación, tecnología de la información y emprendimiento, impartidas por supuesto por emprendedores exitoso, quienes por responsabilidad social empresarial lo harían con mucho gusto.

De igual manera, la misma suerte debería correr la educación técnica y profesional, pero sobre todo especializada en los sectores de la economía que se establezcan como objetivo en la planeación estratégica del Estado. En lo que respecta a la inclusión de la informalidad económica, se deben crear incentivos tributarios de toda índole que faciliten la generación de confianza de los económicamente informales.

Mucho se ha hablado de la productividad en Colombia, de hecho muchos afirman que el país se ha venido desindustrializando como consecuencia de los efectos del fenómeno de la enfermedad holandesa, que dicho sea de paso no es más que un fenómeno estacional. Lo cierto de todo esto es que cuanto más y mejores herramientas se le brinde a los empresarios, empleados y estudiantes, mejores serán los resultados. Así las cosas, el Estado debe propender por una educación de alta calidad y para ello es necesario una construcción conjunta. Con esto se deben definir las prioridades en términos específicos, es decir definir cuáles serían las áreas de mayor énfasis en la educación de cara a cubrir las necesidades de diversificación de sectores económicos.

Es por eso que una reforma estructural no sólo representa una oportunidad estratégica para el Estado colombiano sino que se convierte en una obligación, pues facilitaría la creación de alternativas innovadoras de crecimiento económico, pero sobre todo que sea sostenible y no dependiente de un sector como el de hidrocarburos, del cual no se tiene control alguno. La oportunidad del acuerdo de paz, podría ser la génesis, sin duda, de una reforma estructural en la que su eje principal sea la educación.

 

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