“El mundo del poder del fiscal” N. H. Martínez

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Afirma la revista semana que Néstor Humberto Martínez, a quien la prensa ve como el más fuerte candidato a ser fiscal general, cuenta con la ventaja —sobre los otros aspirantes— de tener “un conocimiento único de cómo se maneja el mundo del poder en Colombia” debido a que “ha tenido tantos altos cargos (oficiales), y ha representado como abogado (particular) a tantos clientes importantes” que por eso “está en el radar”.

Por estas condiciones, Martínez estaría hipercalificado para ocupar la silla que dejó libre Eduardo Montealegre a quien, paradójicamente, la crítica de sus opositores más feroces se concentró en que fue asesor jurídico de unos conglomerados, añadida a la de que cruzó sus intereses con el manejo de la Fiscalía mediante la entrega de puestos clave, a congresistas y magistrados de las altas cortes.

A la hora y día en que escribo esta columna no se conoce la composición de la terna que entregará el jefe de Estado a la Corte Suprema para que ella elija al sucesor de Montealegre. Sin embargo, es seguro que NH estará en la lista final puesto que es altamente improbable que Santos se dé la pela de excluirlo, así lo deseen sus allegados de Casa de Nariño y él mismo. Y no porque duden, ni aquellos ni él, de las capacidades de Martínez, sino por exceso de ellas. El presidente sabe lo que enfrentaría si este enigmático personaje, tan inofensivo y amable en el trato, pero tan difícil de descifrar a la hora de escudriñar sus líneas de conducta, consigue la mayoría de los votos en la Suprema en donde, desde ya, se le tiene como seguro ganador. Me rebelo, pero no me escandalizo con facilidad. No obstante, en el debate sobre quiénes deberían integrar la terna, me asombra la categoría que se les otorga a ciertas calidades que no tienen nada que ver con el objetivo de la Justicia: encontrar la verdad en los cientos de miles de investigaciones que dependen del timón del nuevo fiscal general. Recuerdo unos pocos procesos vitales para el posconflicto: las masacres de la extrema derecha o de la extrema izquierda; el de Santiago Uribe, el del zar de la chatarra (vs. hermanos Uribe Moreno); el crimen de Jaime Garzón; los falsos positivos, la corrupción en la Policía o en la contratación de obras de infraestructura, etc.

Es una obligación moral del doctor Martínez despejar los rumores sobre la presión que estarían ejerciendo a su favor y ante el presidente de la República, los banqueros más ricos del país, un conglomerado industrial y su propio vicepresidente Germán Vargas Lleras de quien NH es cercano amigo personal y de partido. No puede ser “ventaja” que el próximo fiscal sea el representante, precisamente, del gran poder económico y político porque esto sí iría —y no la ley de equilibrio de poderes como argumentan los jueces miopes— en contra la independencia de la rama. Tampoco puede ser una característica sin la cual no se merece ser elegido, la importancia de sus defendidos con enormes intereses económicos contrapuestos a la Justicia ciega e imparcial que no ve, no debe ver, por los ojos de las mineras, las multinacionales, las petroleras, las azucareras… Al revés: esos vínculos constituyen un impedimento de bulto. Y, a propósito de impedimentos, si actuara de manera cristalina, ¿cuántos tendría que presentar Martínez durante el ejercicio de su Fiscalía? Empecemos, únicamente, con los que le generaría su bufete DLA Piper Martínez Neira, una multinacional de abogados clasificada como la segunda en el mundo en ingresos y clientes que en el país tienen negocios con el Estado. Claro, si uno mira bien, nada más estratégico que el cruce, ya no de simples puestecitos, sino de poderes: públicos, políticos y privados, una triple pero temible PPP.

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