Por: Rafael Orduz

El mundo sigue girando

Después del triunfo del Brexit y el ascenso de Trump en el 2016, podríamos tener, en poco tiempo, más primeros ministros y presidentes xenófobos, racistas, algunos antisemitas, otros anti-islámicos, proteccionistas a ultranza, anti-LGTB, desinteresados en el cambio climático y en los derechos reproductivos de las mujeres.

Sin embargo, el mundo sigue girando. Por más éxitos que cosechen en estos próximos años, no pueden evitar que el mundo actual es cosmopolita y que vive una profunda revolución de interconexión que hace imposible sellar las fronteras con dispositivos de policía o murallas.

Que la globalización, tanto en términos de los inmensos flujos de inmigrantes, así como de la multinacionalidad de los bienes y servicios que consumimos, no hace caso a las bravatas y los triunfos temporales de uno que otro movimiento populista.

¿Quién hubiera imaginado, hace tres décadas, que las selecciones nacionales de fútbol europeas occidentales estarían llenas de jugadores cuyos ancestros fueron inmigrantes turcos, argelinos, afros, reflejo fiel de la inmigración de posguerra? Aunque espero que la señora Merkel sea, de nuevo, primera ministra alemana, no me imagino que, en el hipotético ascenso de Frauke Petry, líder de Alternativa para Alemania, de extrema derecha, pueda ésta promover echar a millones de descendientes turcos y, en general, a los musulmanes que tanto les molesta. O, de forma similar, doña Marine Le Pen, en Francia.

¿Políticas en contra de la inmigración para frenar el terrorismo? Los brutales atentados en Paris y Niza fueron ejecutados por jovenes de nacionalidad francesa o belga, sin futuro, radicalizados en el contexto del subempleo y la ausencia de oportunidades. Igual que los atentados en Estados Unidos (Orlando y San Bernardino), perpetrados por ciudadanos gringos.

Mientras ocurren estos hechos retrógados, el mundo está viviendo la más profunda revolución de su historia en las comunicaciones, que los líderes de marras no interpretan con visión de largo plazo. Cualquiera puede manifestarse en un blog o en las redes sociales, incluyendo los potenciales discriminados, independiente de dónde habiten, y ejercer control ciudadano efectivo.

Sí: Trump ganó, por supuesto. Pero no en ninguna ciudad de más de un millón de habitantes ni en el rango de los votantes jóvenes, en el que fue derrotado sin misericordia. Le va a saber a cacho, a alguien con el tamaño de su ego y sus conflictos de interés, el control ciudadano que ejercerán medios de comunicación, estudiantes y otros estamentos universitarios propios de los ambientes multiétnicos y liberales.

Se equivocan quienes ponen, en Colombia, el tema del Sí y el No al Acuerdo de paz en la serie del Brexit y Trump. El conflicto colombiano es obsoleto, de la guerra fría. Liberarse de él es apenas una condición para afrontar los enormes retos que el mundo global le depara a un país inequitativo, principalmente, en el acceso a la educación de buena calidad para todos.

 

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