Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El país del No

Que se enfurezcan los del No, pero demostraron con sus posturas indefendibles contra el nuevo acuerdo suscrito entre Gobierno y Farc que lo de ellos definitivamente no es la paz.

Cuando ganaron el plebiscito no supieron qué hacer con ese triunfo pírrico, y a regañadientes aceptaron participar de una mesa convocada por el Gobierno para recibirles sus críticas. Fue evidente en esas conversaciones que los del No querían cuestionar todo para a cambio no aceptar nada. Desde el primer día tenían presupuestado que darían un portazo al Gobierno.

Y así lo hicieron. Cuando no se les permitió a los del No imponer su arrogante teoría de que como habían ganado las elecciones los acuerdos debían modificarse como a ellos les diera la real gana, perdieron la compostura y otra vez vociferaron, insultaron y amenazaron. En otros términos, la pretensión de los enemigos del plebiscito no es otra que la de que Gobierno y Farc acepten rehacer el acuerdo de paz, pero a la medida de sus exigencias, y si no es así, muestran sus dientes afilados y hacen gala de sus bravuconadas propias de su talante siempre belicoso y dictatorial.

Y luego cuando el Gobierno anunció que ya se había cerrado la fase de discusión y que por tanto no habría más reuniones con los del No, entonces estos últimos, liderados por Álvaro Uribe Vélez, salieron con el cuento de que tampoco les gustaban las modificaciones con las que les dieron gusto en exceso, y lo que es peor, reclamaron otro plebiscito para refrendar el nuevo acuerdo, sin importarles que antes se opusieron férreamente al del pasado 2 de octubre.

El epílogo de todo este sainete fríamente diseñado es que los del No fabricaron con malicia y mala fe cualquier excusa para pregonar que el Gobierno les puso conejo, que se desconoció la voluntad expresada en las urnas, y lo que era de esperarse: que lo que sigue es que la paz y la implementación de los acuerdos se meta en la agenda de las campañas políticas, y para ello intentarán convocar un referendo para tumbarlos y que regrese la guerra. Con esa estrategia le apostarán a que las gentes lleguen a votar “emberracadas” en mayo de 2018 y salga ungido como primer mandatario uno cualquiera de los tres chiflados precandidatos de bolsillo del uribismo. Y de regreso en el poder, arrancarán de nuevo con la guerra fraticida, a desconocer que aquí hay un conflicto interno y que esto no se arregla sino con bala venteada.

No puede ser mayor la irresponsabilidad de los partidarios del No, atravesados como mulas muertas a cuanto acuerdo logren Gobierno y Farc. Andan convencidos y pregonando que como no se desató inmediatamente la guerra que muchos temían ante el triunfo del No, entonces ellos tienen licencia para continuar poniendo en riesgo los atisbos de paz que ya empezamos a acariciar. Quienes aseguran que perdido el plebiscito aquí no pasó nada, no les han importado los primeros muertos luego del cese bilateral del fuego y de hostilidades, porque como la guerra la están peleando lejos de sus comodidades y además la están enfrentando hombres y mujeres humildes y no propiamente ellos, pues que se maten y acaben entre todos.

No hay nada que hacer. Con las huestes del partido de Uribe no hay ni habrá posibilidad de reconciliación. A ellos los anima la pugnacidad y la confrontación permanente, porque ya tienen probado que suscitando el miedo a la guerra de los incautos o su indignación, seguirán teniendo vigencia política y seguramente volverán al poder, y entonces que se salve quien pueda, porque llegarán a pasar facturas del odio y a cobrar venganzas o a terminar de llenar las alforjas de unos cuantos hipócritas que, antes y hoy, se anuncian cínicamente como emprendedores.

Qué paradoja. Mientras deberíamos estar esperanzados con la firma del nuevo acuerdo de paz con las Farc, la verdad es que se avecinan tiempos de turbulencia por cuenta de la voracidad y la intolerancia de los del No.

Adenda. Indignante el desastre clientelista para elegir la Comisión de Disciplina Judicial y los nuevos magistrados de la Corte Constitucional. Cada vez hay menos justicia.

[email protected]

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ramiro Bejarano Guzmán