Por: Santiago Montenegro

El regreso de Somoza

¿Quién iba a pensar que el régimen de los Somoza, la siniestra dinastía que gobernó a Nicaragua durante décadas, se iba a reencarnar en el comandante que precisamente encabezó su derrocamiento prometiendo un régimen de izquierda democrática y plural?

Eso es precisamente lo que acaba de reconfirmar el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, al nombrar a su esposa, Rosario Murillo, como candidata a la Vicepresidencia, en unas elecciones en las que, con fraude y corrupción, tiene asegurada su reelección. Es la puntada final de un proceso que comenzó a construir cuando ganó las elecciones, en 2006, y se propuso controlar todos los poderes públicos y amasar una gran fortuna.

Porque en Nicaragua, como en Venezuela, ya no hay división de poderes y lo que quedaba de independencia fue enterrado cuando Ortega ordenó en junio pasado que la Corte Suprema despojara al líder opositor, Eduardo Montealegre, de la representación legal de su partido, y cuando, días después, hizo que el Tribunal Electoral sustrajera de sus escaños a los parlamentarios de la oposición.

Pero, al igual que los Somoza, Ortega también decidió llenar el Gobierno con miembros de su propia familia y amigos, haciendo que su esposa maneje toda la nómina del Estado. También decidió volverse millonario. Según El País, de España, puso a su hijo Laureano a dirigir Pronicaragua, la entidad dedicada a atraer inversionistas del exterior, como el empresario chino Wang Jing, dueño de la concesión que construirá el nuevo canal interoceánico. Amante de la ópera y cantante, su mamá obliga a los empleados públicos, no sólo a asistir a sus presentaciones en el Teatro Nacional Rubén Darío, sino también a aplaudirlo atronadoramente.

Su hijo Rafael está a cargo del negocio de los combustibles que Nicaragua recibe de Venezuela, y su esposa, Yarida Leets, maneja la empresa Distribuidora Nicaragüense de Petróleos, que tiene bombas de gasolina en todo el país. Otro hijo, Juan Carlos, es el director del Canal 8 de la televisión, mientras Maurice maneja el canal 4, Daniel Edmundo el 9 y Carlos Enrique el 13, en tanto el Canal 6, supuestamente público, es también controlado por la familia presidencial. Como si todo esto fuera poco, los Ortega Murillo controlan Nueva Radio Ya, Radio Sandino y Radio Nicaragua.

Con resignación, Sergio Ramírez, quien fue vicepresidente durante el primer gobierno de Ortega, en los 80, dice que “este ha sido un país de caudillos militares en su historia moderna, desde la revolución liberal del general Zelaya… Todos ellos han querido reescribir la historia a su propia manera autoritaria”.

Por su parte, Dora María Téllez, comandante de la revolución, ministra de Salud en los 80, pero desilusionada desde los 90 con el sandinismo, es más contundente: “Ortega quiere imponer un modelo dinástico como el de los Somoza. Es una dictadura dinástica familiar que se basa en el control total de las instituciones”.

¿En qué quedaron los sueños de Augusto Sandino por una Nicaragua libre, las ilusiones de Ernesto Cardenal por construir un país justo y fraterno, o los esfuerzos de Sergio Ramírez y Violeta Chamorro por edificar una democracia liberal con separación de poderes y con gobiernos limitados en el tiempo?

Entretanto, también es válido preguntar dónde están la voces de protesta de los demócratas de América Latina. ¿Qué opinan los partidos políticos colombianos? ¿Es que no hay nada que decir de esta reencarnación de Anastasio Somoza?

 

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