Por: Mauricio Botero Caicedo

El rey Midas invertido

Según la mitología, Dionisio le otorgó a Midas el poder de convertir en oro todo cuanto tocara.

Viendo que no podía comer alimentos dado que quedaban transformados en dicho metal, Midas pidió al dios que le liberara de su don. Más que un asesino (que lo era); más que un déspota (que lo era); más que un megalómano (que lo era), lo que Fidel Castro era es un payaso que tenía el don del rey Midas, pero invertido. Es decir, todo lo que tocaba, lo volvía naco.

A manera de ejemplo podemos citar tres grandiosos planes del dictador que fracasaron de manera estrepitosa: el “Cordón de La Habana”, la “Zafra de los Diez Millones”, y las dos vacas, la “vaca revolucionaria” y la “vaca enana”.

El “Cordón de La Habana” consistía en rodear la capital con 150 millones de árboles de café caturra. Fidel aseguraba que este proyecto “no solo abastecería a la capital y al país de café, sino que convertiría a Cuba en una potencia cafetalera mundial” y movilizó a toda la población y al Ejército. A más de medio siglo de aquel desastre, ni La Habana, ni Cuba, se pueden abastecer de café, para no hablar de exportar. La última cosecha cafetera sólo produjo 6.105 toneladas, la décima parte de lo que se producía en 1959. Actualmente, la Isla importa unas 8000 toneladas de café para el consumo nacional.

Una segunda payasada fue la llamada “Zafra de los Diez Millones” una de las columnas vertebrales de Fidel para supuestamente, superar la economía de EE. UU. La zafra gigante de 10 millones de toneladas de azúcar significaba casi la duplicación de la zafra promedio de la década de los 60. En inusual revisión crítica, en 1970 Fidel reconocería que “el esfuerzo heroico para elevar la producción se tradujo en descompensaciones en la economía, en reducciones de producción en otros sectores y en un acrecentamiento de nuestras dificultades”. Cuba, cuya producción hoy está en el orden de 1,4 millones de toneladas, nunca se pudo recuperar de las payasadas azucareras del comandante.

La vaca ‘Ubre Blanca’, la “vaca revolucionaria”, fue otro delirio personal de Castro: convertir a Cuba en una exportadora internacional de leche. A mediados de los 60, Castro vaticinaba que la producción de Cuba superaría a la de Holanda. “Porque nosotros en la ganadería, partiendo del ejemplo de Holanda, yo estoy absolutamente seguro de que nosotros podemos llegar a producir tanta leche como Holanda”. En 1985 murió ‘Ubre Blanca’, que padecía de trastornos hormonales, y con ella el proyecto de Fidel de convertir a Cuba en una potencia lechera mundial. Por último, como lo relata Carlos Alberto Montaner, “Cuba, ya sin el subsidio soviético, tenía poco combustible para transportar mercancías, así que a Castro se le ocurrió la pintoresca idea de diseñar una diminuta vaca lechera para que cada familia cubana guardara el cuadrúpedo en su casa, como si fuera un perro. Los excrementos de la vaquita podían servir de combustible, como en la India”.

La insatisfacción de Castro, según Montaner, con las dimensiones de los animales y sus planes para corregir los defectos de la naturaleza son legendarios. “En los años sesenta intentó desarrollar una raza de ranas y conejos enormes que les solucionara a los cubanos el problema de la proteína. No trató de cruzarlos —su imaginación tiene ciertos límites—, pero puso en marcha vastos criaderos de esta fauna que eventualmente fueron abandonados. ¿Por qué? No se sabe. Tal vez se negaron a crecer, o tal vez se murieron de hambre o escaparon aterrorizados. Cualquier cosa es posible en ese país”.

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