Por: Mauricio Botero Caicedo

¿El socialismo embrutece?

En ocasiones, sobre todo cuando uno ve líderes de extrema izquierda repitiendo torpemente las mismas fórmulas que han demostrado ser un fracaso, uno se pregunta si el socialismo embrutece.

Se lo pregunta uno porque de manera reiterativa algunos socialistas, al entrar en barrena el país objeto de sus experimentos, ni siquiera se percatan que los resultados de sus experimentos sociales tienen consecuencias diametralmente opuestas a lo que pretenden lograr, mucho menos que el costo en vidas humanas puede estar en las decenas de millones de personas.

Repasemos la historia: Mao Tsé Tung, un campesino astuto y tosco, a finales de los cincuenta puso en marcha “El Gran Salto Adelante”, una campaña de medidas económicas, sociales y políticas con el objetivo de transformar —a través del desplazamiento y colectivización forzosa al campo— la economía agraria china. Centenares de millones de personas fueron trasladadas de las urbes a construir el paraíso socialista. Pero en realidad lo que la campaña de Mao produjo fue la “Gran Hambruna China”, fenómeno que provocó la muerte de entre 18 y 32,5 millones de personas. El historiador Frank Dikötter dice que la “coerción, el terror, y la violencia sistemática fueron las bases principales del ‘Gran Salto Adelante’ ... y motivó a una de las matanzas más terribles de la historia humana”.

Fidel Castro pretendió emular al líder chino cuando en 1969 le entró la locura de producir 10 millones de toneladas de azúcar para la zafra de 1970. Fidel hizo que buena parte de los empleados profesionales y obreros que trabajaban en los centros urbanos se movilizaran al campo a cortar caña. El barbudo, para justificar el desplazamiento de la mano de obra urbana, afirmó que “la batalla de los diez millones no es una batalla de los administradores ni de los dirigentes, sino una batalla de todo el pueblo, y cada trabajador debe enfrentarla como si se tratara de un ataque del enemigo, como lo hicieron los combatientes revolucionarios en los momentos decisivos y debe sentirse como un soldado en la trinchera, con el fusil en las manos, cumpliendo con su deber”. Como era de esperarse, la campaña de Fidel fue un absoluto fracaso y a partir del 1970 la industria azucarera cubana empezó un acelerado declive hasta llegar a la situación actual en que el sector azucarero cubano, a nivel mundial, es irrelevante.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha ordenado a todas las empresas, tanto públicas como privadas, que pongan a disposición del Estado a sus empleados para trabajar en el desarrollo agroalimentario del país durante 60 días, un plazo que se puede prorrogar otros dos meses. El Ejercito asumirá el pago del salario base del trabajador movilizado para trabajar en el campo y la única condición es que los empleados reasignados tengan las “condiciones físicas y técnicas” para ejercer las funciones requeridas. Maduro achaca los graves problemas de Venezuela a una “guerra económica” en contra del chavismo fraguada por la oposición, los empresarios y gobiernos extranjeros. El reclutamiento obligado de empleados a trabajar en el campo, emulando las idioteces de Mao y de Fidel, además de ser una sandez, es una medida calificada por Amnistía Internacional como el regreso al trabajo forzado.

Repasando las reiterativas sandeces de Mao, Fidel y Maduro, uno solo puede concluir que el socialismo probablemente embrutece.

 

 

 

 

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