Por: Tatiana Acevedo Guerrero

El traje nuevo del gobernador

Dos, cuatro, seis llantas quemadas. La candela y las flores de humo negro pesado son instrumento para bloquear cualquier carretera de la costa Caribe.

Las quemas para bloquear son práctica vieja y diaria. Tras protestas masivas en los 90, vecinos de los sures y los barrios metropolitanos que agarran por los lados a la ciudad cortan la circulación por algunas horas. Un bloqueo con llantas ardientes en el barrio Carlos Meisel, en la localidad Suroccidente. En la calle Murillo, en el centro de Barranquilla, 30 familias del barrio Cevillar bloquearon la intersección de la carrera 19. La Vía Oriental del Atlántico fue bloqueada con barricada de llantas por habitantes de Malambo y Soledad. Las noticias se apilaron a lo largo de esta década. Bloqueo en Tubará. Bloqueo y quema de la sede de Electricaribe en la madrugada en El Banco, en Curumaní, en Magangué. Bloqueo en la vía que conecta a Santa Marta con Riohacha: “la quema de neumáticos fue protagonizada por menores de edad y se dio por la suspensión del servicio de energía por parte de Electricaribe”. Vecinos de los barrios Mamatoco, La Bolivariana y Once de Noviembre, obstaculizaron el tránsito “frente al Inem con maderos y llantas encendidas entre las 9 y la 12 de la noche”.

Hay quienes obtuvieron una conexión, pero luego no pudieron pagar el recibo. Se endeudaron, perdieron el servicio por falta de pago, lo recuperaron, lo volvieron a perder por falta de mantenimiento de la empresa. Hay quienes perdieron el servicio forzados a salir de sus viviendas tras masacres paramilitares. Las comunidades censuran a funcionarios y empresas por las desconexiones y el mal servicio. Algunos barrios piden redistribución económica en la ciudad al explicar que, con sus ingresos, les es imposible pagar. En un juego de espejos, instituciones estatales (y empresas) censuran a manifestantes (a través de cárcel y acusaciones por asonada). Otras veces, simplemente ignoran los bloqueos.

En un evento con cámaras protestaron esta semana los gobernadores de la región. En su mayoría viejos, curtidos en oficinas, empresas y puestos, estos baquianos en política saben de los bloqueos y la desigualdad. Conocen bien las trenzas de cables en los barrios subnormales. Conocen la dificultad y las deudas y los accidentes. Han trabajado muy bien con Electricaribe desde que ellos mismos la crearon. Estuvieron en los comités que invitaron a inversionistas españoles a comprar acciones en la distribuidora. La han subsidiado: ministros de la rama firmando siempre partes de tranquilidad. Gobernadores y alcaldes han visto las llantas quemarse en sus calles sin hacer mucho, concentrados a final del año en los contratos y las comisiones de las lucecitas de navidad.

Cualquier cosa antes que reconocer responsabilidades. “Si las relaciones de España con el Caribe colombiano se tienen que romper, pues que se rompan, y al rey de España le debería dar pena que la empresa Electricaribe preste un tan mal servicio con una gente tan buena como es la gente del Caribe”: eso dijo, por ejemplo, el gobernador de Bolívar.

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