Por: Saúl Franco

El Zika: pasó el pánico, sigue el problema

Hace un año, apenas se empezaba a hablar del Zika. En febrero de este año la Organización Mundial de la Salud -OMS- declaró la emergencia sanitaria mundial por su propagación explosiva y la gravedad de sus posibles consecuencias.

Hace dos meses la OMS autorizó la realización de los Juegos Olímpicos en Brasil, país con el mayor número de casos de Zika en la región. Y hace un mes el Ministerio de Salud de Colombia se arriesgó (¿precipitó?) a declarar “el cierre de la epidemia de Zika en el país”.  Aunque ha perdido presencia mediática (o precisamente por ello) conviene hacer algunas consideraciones sobre el momento y los interrogantes que plantea esta epidemia.

Según la Organización Panamericana de la Salud se han confirmado casos autóctonos de la enfermedad en 45 países o territorios de la región. En la mayoría de ellos el pico más alto de la epidemia se dio entre finales del año pasado y febrero de éste.  Desde junio se viene observando un descenso generalizado. Las sospechas iniciales sobre la posibilidad de que el Zika produjera microcefalia en fetos de mujeres que se infectaran en el primer trimestre del embarazo, se convirtieron en realidad. A mitad de agosto se habían confirmado en la región 1.872 casos de microcefalia, 97% de ellos en Brasil. Diez países o territorios han registrado además un aumento significativo de casos de Síndrome de Guillain-Barré, muy posiblemente asociado también al virus del Zika.  En los Estados Unidos la mayoría de los casos –2.245 de 2.260– se han asociado con viajes, y se describió un caso adquirido en el laboratorio. Su Instituto Nacional de Salud ya está probando en humanos una vacuna para la enfermedad.

En Colombia, el Instituto Nacional de Salud -INS-  notificó, hasta la primera semana de agosto, un total de 101.608 casos de la enfermedad, 8.826 confirmados y el resto clínicamente sospechosos. Los casos provienen de 507 de los 1.122 municipios del país, en especial de los departamentos de Valle, Cauca, Norte de Santander y Santander. De cada tres casos, dos son mujeres. Según el INS, en los primeros siete meses de este año se confirmaron 24 casos de microcefalia asociados a este virus, y 616 casos de Guillain-Barré en personas infectada por el Zika, relación que sigue en estudio.

Me sigo preguntando por qué el Ministerio de Salud de Colombia declaró tan pronto el fin de la epidemia. Es cierto que en el país están disminuyendo los casos de Zika, tal como se anotó para la región. Pero se sigue registrando un promedio diario de casi 90 casos nuevos de una enfermedad que hace un año no se conocía en el país. Además: en el 80% de los municipios o ya se han presentado casos o hay riesgo de que se presenten. Peor aún: el mayor número de casos posibles de microcefalia asociada a esta enfermedad todavía está por verse en los próximos meses, dado que el pico de la infección se dio a comienzos del año. Me parece entonces una decisión discutible desde el punto de vista epidemiológico y riesgosa en términos de salud pública.

Sin duda las diferentes decisiones tanto de la OMS como del Ministerio de Salud sobre el Zika tienen un componente científico-técnico. Pero no puede desconocerse que se toman en contextos económico-políticos específicos y en medio de determinadas tensiones de poder. Dichos contextos y tensiones son parte esencial de cualquier realidad. Pero con frecuencia terminan por matizar o imponerse sobre el componente científico-técnico. ¿Quién puede descartar entonces el peso de intereses comerciales, políticos, económicos y hasta turísticos en las decisiones en cuestión?

Hay cierto consenso en que el Zika es un problema que llegó para quedarse. No debería ser así si la salud pública tuviera mayor prioridad social y si hubiera la decisión política, económicamente sustentada a nivel nacional e internacional, de cortar de raíz enfermedades que, como ésta, implican riesgos graves, asociaciones fatales y desafíos superables.

* Médico social.

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