Documental: "Lo que no les quitaron a los Torres"

hace 14 horas
Por: Jorge Iván Cuervo R.

Elogio de la diversidad

En este año se cumplen 25 años de la Constitución de 1991, un acuerdo político que permitió ampliar la democracia más allá de los estrictos márgenes del Frente Nacional.

Por fuera se quedaron las Farc –Casa Verde fue bombardeada el mismo día de las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente— y algunas otras agrupaciones como el Eln y reductos del Epl que hoy todavía se resisten a abandonar las armas.

El narcotráfico fue funcional –por estrategia y afinidad de agenda— a la resistencia de ciertos sectores sociales y políticos para impedir que muchos de los anhelos de la Constitución de 1991 no se lograran, especialmente en materia de inclusión política –masacre de Segovia y asesinatos de miembros de la UP—, pero también de inclusión social –menos desigualdad y mejor distribución de la tierra—. El fenómeno del paramilitarismo terminó siendo una fachada de alianzas de políticos, ganaderos y comerciantes con narcotraficantes para la defensa de sus privilegios, pero también para consolidar nuevos órdenes sociales en sus territorios. Por eso, y por la falta de voluntad del Congreso y de los gobiernos en estos 25 años, la agenda de diversidad que supone la Constitución de 1991 no se ha desarrollado por igual en todo el país.

Nada más evidente que la diversidad. Todos somos diferentes, hombres y mujeres, niños y adultos, blancos, negros e indígenas, personas con discapacidad. Cada quien es único e irrepetible, y buena parte de la evolución de la humanidad se ha orientado a construir órdenes políticos que permitan convivencia en esa diversidad. Lo religioso, lo ideológico, lo nacional, lo cultural, lo han impedido, pues la mayoría de las veces termina imponiéndose un orden político sobre otro, negando y excluyendo otras representaciones sociales.

El siglo XIX en Colombia fue una sucesión de guerras para imponer un orden político, y el origen de las guerrillas en el siglo XX se remonta, entre otros factores, a la resistencia de unos campesinos a la exclusión política y social por parte de unas élites que no estaban dispuestas a reconocer esa diversidad, más allá del binomio liberal- conservador.

La Constitución de 1991, con todas sus imperfecciones, hizo posible que se diera a conocer esta diversidad. En ella se han visto reflejados los negros, los indígenas, las mujeres, los niños y niñas, las personas en condición de discapacidad y poblaciones vulnerables (habitantes de calle, recicladores, desplazados y víctimas de la violencia) que han encontrado en los jueces y la Corte Constitucional el defensor de sus derechos que no han encontrado en el sistema político y en los gobiernos.

Hoy que estamos en la antesala del fin del conflicto con las Farc —que no sería otra cosa que superar ese anacronismo de dirimir las controversias políticas por las armas—, el gran desafío de la sociedad colombiana es el de construir un orden político –y unas instituciones— donde quepamos todos, en igualdad de dignidad y derechos, no importa si estamos en el campo o en la ciudad, en los barrios de estrato alto, medio o bajo, que no importe la piel, la orientación sexual, el género, la edad, la ideología. Finalmente ese es el fundamento del pacto constitucional.

Con la firma de la paz con las Farc eso no llegará por gracia divina, pero al menos podremos concentrar todos nuestros esfuerzos para lograrlo, así tengamos que hacer frente a aquellos que piensan que todos somos iguales, pero que hay unos más iguales que otros.

@cuervoji

 

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