Por: Thomas L. Friedman

En el almuerzo, Trump les da esperanza a los críticos

Bueno, estuvo interesante... Donald Trump llegó a comer a The New York Times. Ya que tuve la oportunidad de estar incluido, puedo ofrecer unas cuantas impresiones de mi primer encuentro cercano con Trump desde que anunció que iría por la Presidencia.

Lo más importante fue que, en varios temas clave —como el cambio climático y la tortura—, en los que adoptó posiciones extremas durante su campaña para impulsar a su base, se esforzó en dejar claro que los estaba examinando de nuevo. ¿Qué tanto? No lo sé. Sin embargo, manténganse en sintonía, en especial sobre el clima.

Son muchas las decisiones que el presidente electo Trump puede tomar, y lo hará en los próximos cuatro años. Muchas de ellas las podría revertir su sucesor. Sin embargo, hay una que él puede tomar que podrá tener implicaciones verdaderamente irreversibles, y es la de que Estados Unidos abandone su compromiso para eliminar gradualmente el carbón e introducir más sistemas de energía limpia, y guiar al mundo para frenar las emisiones de bióxido de carbono antes de que alcancen el nivel que produce un ciclo de alteraciones climáticas extremadamente impredecibles.

Cuando se le preguntó cuál era su posición sobre el tema del cambio climático —que, en el pasado, había desestimado por considerarlo una estafa — y el Acuerdo de París sobre reducción de emisiones, de diciembre pasado, liderado por Estados Unidos, el presidente electo no dudó ni por un segundo: “Lo estoy examinando con mucho cuidado. … Tengo la mente abierta al respecto. Vamos a analizar con mucho cuidado... Es posible elaborar muchos argumentos para distintos puntos de vista. … Les diré esto: el aire limpio es vitalmente importante. El agua limpia, el agua cristalina es vitalmente importante”.

¿Cree usted que la actividad humana causa el cambio climático? “Yo creo que existe cierta conectividad”, respondió Trump. No está claro “qué tanto” y qué hará él al respecto, “depende de qué tanto va a costarles a nuestras compañías”. Trump dijo que estudiaría el tema “muy duro” y dio indicios de que si, después de estudiarlo, tenía que moderar sus puntos de vista, su voz sería una influencia entre los escépticos del clima.

En cuanto a la cuestión de si el Ejército estadounidense debería usar el simulacro de ahogamiento y otras formas de tortura para quebrar a los sospechosos de ser terroristas —una posición que defendió con frecuencia durante la campaña y recibió grandes aplausos—, Trump declaró sin rodeos que había cambiado de opinión después de hablar con James N. Mattis, un general retirado del Cuerpo de Marines, quien dirigió al Comando Central de Estados Unidos. Contó que Mattis le dijo sobre la tortura: “Nunca la he encontrado tan útil”. (Muchos en el Ejército y la CIA han sostenido este punto de vista desde hace mucho).

Citó a Mattis: “Dénme una cajetilla de cigarrillos y un par de cervezas, y siempre tendré mejores resultados” que los que obtendría cualquiera que use la tortura. Trump concluyó: “Me impresionó mucho esa respuesta”.

Al hablar sobre Oriente Próximo, Trump comentó espontáneamente: “Me encantaría poder ser el que hiciera la paz con Israel y los palestinos”, y añadió: “tengo razones para creer que puedo hacerlo”; dio a entender que su yerno Jared Kushner podría ser su enviado especial y “sería muy bueno… Él conoce la región”. (¡Guau, observar a Trump tratando de forjar un acuerdo entre Bibi Netanyahu y los palestinos sería de pago por ver!).

La única área en la que creo que a Trump se le va a dificultar muchísimo cumplir con sus promesas de campaña es la creación de “millones” de empleos bien remunerados, por medio de incentivar y presionar a las empresas estadounidenses para que fabriquen más en el país. Todavía habla de Estados Unidos como un páramo manufacturero cuando, de hecho, las manufacturas siguen siendo el sector más grande de la economía estadounidense, pero el que emplea a muchísimos menos trabajadores.

Es famosa la observación del consultor en administración Warren Bennis: “La fábrica del futuro solo tendrá dos empleados, un hombre y un perro. El hombre estará ahí para alimentar al perro. El perro estará ahí para evitar que el hombre toque el equipo”.

En resumen: ya se terminó la campaña, pero apenas comienza la lucha del alma de Donald Trump. Es claro que aprende hablando con la gente y no con lecturas. Debido a que tan pocos pensaron que ganaría, muchos de ellos, los que se reunieron a su alrededor y pudieron hablarle al oído, fueron personajes extremos.

Sin embargo, ahora que ya fue elegido presidente, se está exponiendo a una red mucho más amplia de personas y está teniendo noticias suyas. Mencionó que había sostenido conversaciones telefónicas con Bill Gates y con el director ejecutivo de Apple, Tim Cook. Y enfatizó en repetidas ocasiones que quiere tener éxito: “Estoy haciendo esto para hacer un buen trabajo”.

Para hacer eso, necesita moderar muchos puntos de vista y aprender de una red muchísimo más amplia de gente. Para quienes nos opusimos a la elección de Trump, no es el momento de bajar la guardia y dejar de trazar líneas rojas donde sea necesario. Sin embargo, para los republicanos moderados y los dirigentes empresariales demócratas, como un Bill Gates, de quien se puede ganar el oído y su respeto, y quien ha hecho grandes inversiones en energía limpia, puede ser —puede ser— fácil persuadir a Trump en algunos temas claves. Necesitan lanzarse ahora y tratar de jalarlo hacia el centro.

Para una reunión entre quien es la noticia y esta agencia de noticias que lo ha cubierto sin temor ni favor, la comida estuvo bastante relajada, aunque no sin cierta competición. Al preguntársele si leía The New York Times, Trump dijo: “Sí lo leo. Desafortunadamente. Viviría unos 20 años más si no lo leyera”.

(c)2016 New York Times News Service

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