Por: Luis Peña

En la prensa no se piensa geográficamente

Presentar la diversidad de un fenómeno en un territorio es uno de los retos más importantes para hacer periodismo de datos.

Primero porque parece que poner un titular o redactar un artículo que muestre el carácter desigual y contradictorio de los fenómenos en un espacio geográfico suele ser engorroso y requiere un gasto de tiempo que el ritmo de la producción de noticias no tolera fácilmente. Y segundo porque, a pesar del acceso a múltiples fuentes de información, en la prensa se manejan pocas bases de datos y menos con atributos espaciales. En la prensa, de hecho, la rutina de algunos es usar las fuentes y luego literalmente botarlas.

Pero también existe la costumbre de tratar los eventos como si sucedieran en la cabeza de un alfiler dejando de lado el interés por entender su diferenciación espacio-temporal o la escala del mismo. Por eso son raras las contextualizaciones de un evento en términos geográficos y eso va más allá de poner en un mapa la ubicación del evento o usar la cartografía como recurso decorativo de la noticia.

Incorporar una perspectiva geográfica en el periodismo de datos implica, por supuesto, usar herramientas de análisis espacial como los sistemas de información geográfica, por solo nombrar una. No obstante, tratar geográficamente un evento o fenómeno (el desempleo, el desplazamiento, la violencia, por ejemplo) no sólo es una cuestión de técnica sino de enfoque sobre los problemas, uno basado en preguntas y principios simples.

El primer principio es no caer en generalizaciones arbitrarias para convertir un comportamiento local en un fenómeno nacional o mundial. Esto suele pasar mucho con la traducción de noticias de salud pública, por ejemplo. Como segundo principio hay que preguntarse por el dónde ocurren los hechos y si éste sucede igual en todo el país o en el mundo o en una región para interrogarse por qué se da esa diferenciación. Por ejemplo, dónde tienen lugar las tazas más altas de violencia contra las mujeres y por qué allí o cuáles son los lugares más seguros para ellas.  Tercero, el territorio donde tienen lugar los hechos no es un telón de fondo reducible a localización sino que tiene una geografía física, humana, económica y política particulares que son relevantes para entender la cuestión del por qué allí está sucediendo algo. Por último, el periodismo de datos tiene que permanecer con los pies en la tierra y usar prudentemente la cartografía porque ésta es siempre una representación y no es una ventana limpia y abierta a la realidad.

Como es tiempo de deseos, sueño con ver una prensa renovada que incorpore estos y otros principios del pensar geográficamente. Sería un acto muy valeroso.

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