Por: Mario Méndez

En la tierra de los SíPaz

Con ocasión del plebiscito del 2 de octubre, y según una aguda valla que vemos en la carretera, el dominio de los zipas se convirtió en la tierra de los SíPaz, con Sí en amarillo y Paz en azul. Recordemos que Zipaquirá, la grata ciudad que integra el área metropolitana de Bogotá, alberga en sus entrañas una de las maravillas del mundo y la primera del país: la Catedral de Sal.

Allí tuvimos una cita el 29 de octubre con el alcalde Luis Alfonso Rodríguez Valbuena y el embajador chino, Li Nianping, quien viene una vez más a la Catedral, ahora con motivo de la fiesta de la Virgen del Rosario de Guasá. Nada tiene que ver este Guasá de la advocación de María —venerada por los mineros— con el nombre de un instrumento de percusión del litoral pacífico, idiófono consistente en un trozo de guadua o de bambú, sellado por sus extremos y que contiene maíces o semillas que producen sonido al ritmo del ejecutante.

Esta vez la santa convocó a centenares de personas, entre ellas al secretario de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU. De nuevo admiramos tal portento de la ingeniería que se va complementando con otros proyectos de desarrollo, ahora acompañados en el recorrido por Miguel Vallejo Triana. Este hombre de formación universitaria y amable guía da respuestas puntuales a una y otra pregunta, y las matiza fluidamente con sus conocimientos de idiomas, historia y otras disciplinas que va soltando con plena naturalidad.

La actual catedral, que reemplazó en 1995 a la construida en la década de los años 50, atiende a especificaciones técnicas más estrictas para una obra cuya duración se calcula en unos 300 años. Allí, 180 metros debajo de la cima de la montaña, se puede tomar un café, comprar artesanías y recordatorios, y hasta adquirir esmeraldas certificadas.

Para Zipaquirá, esta obra gerenciada por Raúl Alfonso Galeano Martínez es fuente de ingresos para el municipio, gracias a la constitución de un ente público-privado (51 y 49%, respectivamente), luego que el Banco de la República dejara de administrar estas salinas.

De acuerdo con testimonios recogidos entre los extranjeros presentes en este espléndido templo subterráneo, su presencia se explica por las referencias de amigos suyos que vinieron a Colombia y conocieron la obra. La admiración por el lugar, al margen de las convicciones individuales en materia religiosa, se impone como creación del hombre, como expresión cultural, y por la osadía, el esfuerzo y la tenacidad de quienes a mediados del siglo XX tuvieron la idea inicial de contar con un sencillo oratorio que, en el cerebro de los directivos de la Concesión Salinas, ya se perfilaba como germen de ésta que debiera ser basílica.

En medio de una problemática agudizada con los días, en las condiciones de una sociedad tan compleja y complicada como la nuestra, es preciso destacar el hecho de que tengamos gente capaz de materializar una empresa humana tan amada y cuidada visiblemente por cada empleado, atento siempre a la menor inquietud de los visitantes e invitados.

*Sociólogo Universidad Nacional.

 

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