Por: Sergio Otálora Montenegro

Entre la pantomima y el riesgo

MIAMI.- Cuando no hay sangre de por medio, la política es una pantomima.

Son agresiones de mentiras, golpes bajos que no duelen, montajes de utilería, enfrentamientos teatrales  para tramar a la galería. Así sucedió en Estados Unidos durante dieciocho meses de una campaña política repleta de desplantes y gestos circenses.

Lo más duro para Hillary Clinton no es la feria de insultos de la que fue objeto, sino el hecho irreversible de su derrota a manos de un advenedizo que puso patas arriba la tradicional manera de hacer campañas.  Y además rompió las buenas maneras: en el fondo, dijo lo mismo que han dicho los republicanos por décadas, pero con la brutalidad de un racista sin remordimientos que logró sintonizarse con el desespero y la frustración y puso a la gente a votar verraca, como en el Reino Unido o en Colombia.

Ahora, los republicanos que lo repudiaron no saben dónde poner al histrión. Están de plácemes.  Incluso Mitt Romney, excandidato a la presidencia derrotado por Barack Obama, está citado para reunirse con Trump. Le podrían ofrecer el Departamento de Estado. Curioso: Romney calificó al magnate  de grave peligro para la democracia, una persona sin principios, un delincuente y estafador, un inmoral, un indecente.  Votar por esa basura no era posible. Iba contra todos sus principios de mormón militante. En cuestión de días se verá si entrará al gabinete del enmascarado naranja. 

Porque esto, señores, es como la lucha libre. Patadas voladoras  sólo para divertir o estimular al público. El votante reaccionó, como los asistentes a los combates de máscara contra máscara, con la rabia que genera una pantomima. Emociones de melodrama, que terminan eligiendo presidentes.  El problema es que hay cosas, por detrás del escenario, que sí son de verdad.

El ataque contra los inmigrantes indocumentados. El oxígeno a los movimientos de supremacía blanca. El desmantelamiento de todas las normas expedidas por el gobierno de Obama para controlar los abusos de los bancos y grupos financieros, y reducir la contaminación ambiental por parte de ciertas industrias.  La voz de los conservadores, el poderoso  Wall Street Journal, quiere que este país tenga las mismas  regulaciones de hace más de treinta años –como si nada hubiera pasado en todo este tiempo- porque según ese diario, citando un estudio de las universidades  George Mason y Duke,  “habrían hecho de la economía 4 billones de dólares más grande en 2012. Eso significa 13.000 dólares per capita”. 

Ese periódico no dice, por supuesto, que Obama se vio obligado a emitir varias de esas regulaciones a través de órdenes ejecutivas dado el bloqueo sistemático de los republicanos en el congreso. Tampoco explica que tales normas se expidieron  en razón de la severa recesión que golpeó a Estados Unidos entre 2008 y 2010, producto, entre otras cosas, del desmonte de regulaciones que dieron rienda suelta a una especulación financiera sin límite. Mucho menos el WSJ cita que el calentamiento global obligó a expedir reglas para evitar estragos mayores por los cambios bruscos del clima. El partido republicano es el único partido en el mundo, de su tamaño e impacto, que niega la ciencia del cambio climático y sus efectos devastadores.

Pronto se verá el engaño. Pero no todo es en blanco y negro. De golpe Trump, con un congreso a su favor y con la intención de darle rienda suelta de nuevo a Wall Street (a pesar de que juró, en cada manifestación, que no estaba vendido al capital financiero ni a sus poderosos cabilderos) , tendrá las mieles pasajeras de una nueva burbuja financiera. Tal vez podrá sacar adelante su plan de modernizar la infraestructura del país, cosa que también les conviene a los demócratas.  Habrá entonces la posibilidad de que se incentive, de manera transitoria,  el empleo en zonas deprimidas. Eso fue algo que el actual presidente trató de desarrollar en ocho años y fue obstruido por sus adversarios.

Habrá que ver qué tanto del supuesto crecimiento económico llega a los condados y ciudades que votaron por el presidente electo. Qué tanto expulsará la corrupción de Washington y gobernará sin que el interés de los grandes poderes en puja se imponga sobre el bienestar general.

Por ahora, la preocupación es grande. Este será un gobierno al mando de un principiante, rodeado de principiantes en los asuntos de estado, pero envenenados de ambición y prejuicios. 
@sergiootalora

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