Por: Iván Mejía Álvarez

Es la hora

Enfrentar a Argentina herida, minimizada y maltratada inclusive por su propia prensa, siempre tan prepotente y arrogante, ofrece ventajas y desventajas.

Ellos van a ir al frente, no tienen otra posibilidad, y eso les puede hacer perder el orden táctico y el norte de sus objetivos. Saben bien que minuto a minuto la hinchada pasará del aliento a la desaprobación y ese rumor que baja de las tribunas puede ser importante para un equipo que se pare bien, que aguante, que no deje pensar y actuar a Messi. Es fundamental evitar un gol tempranero y meter el partido en la horma que quiere Colombia.

Y acá viene la segunda etapa del plan, cómo hacerlo, cómo conseguirlo. Pékerman ha sido extraño en sus últimas decisiones. Ante Brasil salió abierto, sin marca, dándoles toda la libertad a Marcelo y Neymar para que volviesen flecos la defensa. Pensar que James podría controlar el tándem brasileño resultó una idea funesta y peligrosa. Para poder conseguir un poco de marca, debió cambiar a Muriel de punta. Contra Paraguay se metió atrás con tres volantes de contención y terminó ganando de carambola cuando todo el partido se peleó en la mitad.

No resulta, pues, extraño que vuelva a salir con su 2-3-1 intentando jugar mano a mano, potenciando un poco el ataque, aunque las últimas experiencias contra Argentina no hayan sido buenas. Sería un poco jugar a la ruleta rusa.

Después, pensar en un 4-3-2-1 resultaría mucho más coherente para darle volumen a la destrucción y poder hacer los imperativos doblajes de marca con Messi. Pékerman no se puede equivocar como ya lo hizo con Neymar: hay que redoblar la vigilancia sobre Messi, no dejarlo arrancar, mantenerlo siempre en el radar.

Otra alternativa, interesante por demás, es un 4-1-4-1, con el que se mantendría un dispositivo en defensa a partir de llenar la media cancha, pero dándole salida por el medio en la conexión de James con Cuadrado. Y un delantero en punta que para la mayoría debería ser Falcao, advirtiendo que Radamel no está para jugar noventa minutos y que es menester pensar si resulta más importante arrancando o como relevista.

Para Colombia no es un partido de vida o muerte. Para ellos, sí. Un empate sería un buen recaudo para esta selección que ha venido de más a menos y donde los pasajes bien jugados de esta eliminatoria se cuentan con los dedos de una mano. Excepción hecha del lance contra Ecuador, donde nada perturbó al equipo, ni el calor, ni la cancha, no hubo disculpas para el buen fútbol exhibido por Colombia.

Es la hora de sacar la casta, retomar el juego, pensar desde el banco técnico con decisiones sensatas y sin experimentos. Es la hora de Colombia.

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