Por: Cristo García Tapia

A eso vino el rey

Sí. A eso vino el rey de España.

A abogar por ELECTRICARIBE, el enclave español de la energía eléctrica que sume a la Región Caribe, siete departamentos del norte de Colombia, en la tiniebla permanente, por el pésimo servicio de electricidad que le vende, a precios onerosos, a los más de 2 millones de suscriptores que el Estado le endosó, a título gratuito e indefinido, incluida toda la infraestructura en uso productivo y eficiente: plantas, estaciones, subestaciones y demás usinas del sector.

De los tiempos aciagos de la Conquista y exterminio de nuestros antepasados aborígenes por la Corona española, a estos de apogeo del mercado, fase superior del capitalismo, nada ha cambiado en esa relación de subordinación y sometimiento a los intereses coloniales de España.

Si acaso, una testa imperial de apariencia menos rimbombante que la de cualquier antepasado dieciochesco del que vestido de lujoso traje, corbata y zapatos de alta costura viene, so pretexto de una Cumbre de esas que se hacen cada mes en Latinoamérica para reiterar obediencia y lealtad a la Corona, a recordarle a sus regentes de ultramar la obediencia y defensa debidas a los intereses de sus patrones peninsulares.

Del trueque ventajoso de espejos que hacían retroceder aterrados a los indígenas, las cuentas de colores, las cruces de crisocal y las biblias en latín, por oro y esmeraldas, apenas si hemos pasado de agache, en la confianza inversionista, a la concesión sin contraprestación, APP, franquicias, uniones temporales y cuanta artimaña es útil al expolio.

Igual que por aquellas calendas de nuestra historia de coloniajes seguimos, a cambio de abalorios, chucherías, inservibles y cuanto es de desecho  y ningún valor, entregando territorio, mares, minas, aire, minerales, bosques, flora y fauna, patrimonio cultural, oro, petróleo y…

Y, más que menos, sectores estratégicos de nuestra economía: energía, aguas, bancos, salud y vías, entre los más preciados, cuya dación en usufructo, ilimitado y mínimamente compensado, a compañías trasnacionales,  comprometen la seguridad de la nación en el ámbito geopolítico.

Todo, a cambio de un saludo protocolario, una fotografía, una réplica de la cuchara, la bacinilla, los calzoncillos, las polleras, las pelucas, de un antepasado imperial o de una alborotada cortesana vestida de princesa para la ocasión.

A eso vino Su Majestad Felipe VI de España. A velar por el interés ultramarino de Gas Natural Fenosa, accionista mayoritario de ELECTRICARIBE.

A advertirle al regente de turno en la colonia ultramarina de Colombia, que España es Electricaribe; que le queda rotundamente prohibido, so pena de provocar una ofensa de lesa corona a España, pedirle por cualquier medio legal a Electricaribe, su enclave de la electricidad, que cumpla con sus obligaciones contractuales, prestación continua, eficiente e ininterrumpida del servicio de energía, con sus usuarios, clientes y consumidores de estas tierras de infieles, palenques, chozas y taparrabos.

¡Joder!

Apreciados gobernadores Dumek Turbay, de Bolívar, Edgar Martínez Romero, de Sucre, Franco Ovalle, del Cesar, Edwin Besaile, de Córdoba, Eduardo Verano, del Atlántico, Rosa Cotes, del Magdalena, créannos cuanto valoramos los costeños de este Caribe colonial vuestra lamentación por los padecimientos y penurias de todo orden causados por Electricaribe a sus conciudadanos.

Pero vuestras voces, vuestros reclamos, no se oirán nunca más allá de sus jurisdicciones; más allá de los traspatios del poder regional se apagan.

El vozarrón de la metrópoli subordina, limita, conmina, apaga, el derecho, la voz, de la colonia.

Y a eso vino el rey.

Poeta
@CristoGarciaTap

 

 

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