Por: Antonio Casale

Espíritu olímpico

Nunca antes unos Juegos habían tenido tanta exposición televisiva en Colombia. Es la consecuencia de la alta expectativa por una buena actuación de la delegación. Pero el espíritu olímpico exige ir más allá de la tabla de medallería.

Así lo demuestran incluso los que han ganado todo. Rafa Nadal, vencedor de 14 Grand Slams y medallista de oro olímpico, ha acudido a la cita en Río sin haberse recuperado de su muñeca, lesión que lo sacó de Wimbledon. Al preguntarle por qué no se quedó en casa recuperándose, el español respondió que siempre será más riesgoso salir que quedarse en el sofá de su sala. Será difícil que logre el oro, pero Rafa volvió a demostrar que es un gladiador.

También lo demuestran quienes no tienen ninguna posibilidad. El equipo de 10 deportistas que compiten bajo la bandera del COI: dos nadadores sirios asilados en Europa, dos judocas de la República Democrática del Congo acogidas en Brasil, cinco atletas de Sudán del Sur que viven en un campo de refugiados en Kenia y un atleta etíope que vive en Luxemburgo conforman esta escuadra de víctimas de distintas guerras. Entre ellos está la nadadora Yusra Mardini, nacida en Damasco, donde su papá era entrenador de natación. En 2012 alcanzó a representar a Siria en el Mundial de Piscina Corta, en 2015 escapó de la guerra hacia Turquía por tierra y después se embarcó junto con su hermana rumbo a Grecia, travesía en la que tuvo que nadar durante varias horas para salvar su vida y la de 20 de sus compañeros. Semanas después llegó a Berlín, se presentó en una piscina pública sin vestido de baño ni gorro, le hicieron una prueba y la aceptaron. El sábado Mardini compitió en los 100 metros mariposa, ganó su serie pero no clasificó, sin embargo, desde mucho antes de los olímpicos, la siria es una campeona difícil de igualar.

Más allá de sus derrotas, ver a Catalina Escobar lesionarse durante su presentación en el tercer elemento en gimnasia artística y ver frustrado su trabajo de cuatro años en tan solo un segundo, o la caída de Sergio Luis Henao cuando descendía arriesgando su vida por una medalla, o a Carolina Aguirre equivocarse en su intento definitivo en la competición por equipos, no puede llevarnos a una cosa distinta que valorar con respeto a quienes dan todo por su causa, por su sueño.

Quienes dedicamos nuestras vidas a analizar el deporte tenemos el deber de recordar, gracias al espíritu olímpico, no reducir las críticas al frío análisis de los resultados. Aplica también para tuiteros y demás aficionados que componen el entorno de una cultura deportiva que, como la nuestra, sigue en desarrollo.

 

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