Por: Luis Carlos Vélez

Estamos desconectados

El día siguiente de las elecciones en EE.UU. el diario The New York Times publicó un editorial que decía, palabras más palabras menos, que durante toda la campaña política sus editorialistas y piezas periodísticas cuestionaron las propuestas de Donald Trump e incluso las calificaron como alejadas de la realidad, cuando la verdad, el resultado de los comicios demostró que los que estaban fuera de ella eran los miembros de su redacción.

No podría estar más de acuerdo y aplica a todos lo que hacemos parte de los llamados grandes medios.

Tras las victorias del Brexit, el no en Colombia y Donald Trump en Estados Unidos  queda claro que mientras las encuestas y la prensa van para un lado, la mayoría va para el otro.  ¿Nos hemos vuelto una prensa de las élites progresistas y los centros urbanos?. La mayoría ha dejado de ponernos cuidado para, respaldada por las redes sociales, auto complacerse y reafirmar sus prejuicios?, o ¿nos hace falta trabajar por fuera de las grandes ciudades para conocer el sentimiento de la mayoría que aún vive en ciudades intermedias y áreas rurales. Se trata una mezcla de todo, algo que deber servir como una oportunidad de replantearnos una reconexión con la realidad más allá de nuestro entorno.

En el caso de EE.UU.,  la gente tomó a Trump seriamente mientras la prensa literalmente.  El electorado entendió que su mensaje era sobre cambios determinantes de política, mientras que los medios quisieron concentrar la conversación en cómo traería a la realidad sus frases. Un intento imposible de traducir su retórica cuando era mensaje figurado para fortalecer postulados. Obviamente no estoy justificando nada de lo que no admite discusión sobre Trump, como su maltrato a las mujeres, irritabilidad, o falta de diplomacia, lo que estoy diciendo es que todos fallamos en la manera en que la mayoría interpretaba al candidato.

En el caso de las encuestadoras, es evidente que hace falta un mejor trabajo en leer a las ciudades intermedias y las áreas rurales. Los modelos actuales no ponderan suficientemente el sentimiento por fuera de las aglomeraciones urbanas limitando una lectura nacional más acertada, por lo que sería un error para ellas simplemente quedarse en el fenómeno del  llamado voto vergonzante, que plantea que algunos de los que votan y contestan encuestas mienten sobre sus preferencias para evitar entrar en cuestionamientos o discusiones.

Lo anterior no debe entenderse como un estado de complacencia con el nuevo establecimiento, por el contrario representa un llamado a la valentía para aplicar el rasero de cero tolerancia con la corrupción, abusos y mentira de siempre, así esto represente ahora  molestar a la mayoría que lo respalda. Todo esto aplica a Colombia, dónde Uribe es nuestro Trump, en un amplio sentido de la descripción.

 

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