Por: Santiago Montenegro

Esto es el subdesarrollo

Casi toda la atención del país está concentrada en las posibles consecuencias del resultado del plebiscito.

Eso, quizá, sea inevitable, pero es un grave error dejar de analizar una serie de problemas estructurales que el país tiene que enfrentar y que no se van a resolver necesariamente con la firma y la implementación de los acuerdos de La Habana. 

Esos problemas son muchos y de variada naturaleza, pero, por brevedad, sólo menciono algunos de los más importantes. En primer lugar, estamos perdiendo el llamado bono demográfico. En teoría, Colombia está gozando de la ventana demográfica, que se expresa en una gran población joven y se visualiza en una relación de diez personas en edad de trabajar por cada adulto mayor de 65 años. Pero, medido así, nuestro bono demográfico no va a durar mucho tiempo, porque se precipita el envejecimiento de la población y, más grave aún, en la dura realidad, dicho bono no ha existido jamás, porque, si lo medimos como los trabajadores que tienen alguna capacidad de ahorro y cotizan a la seguridad social, dicha relación cae de diez a solo dos. Es decir, estamos con una relación semejante a la de un país de población ya muy vieja, como Japón, pero con una fracción de los ingresos por habitante de ese país.

En segundo lugar, Colombia sufre el azote de una inmensa informalidad de sus trabajadores y sus empresas. De unos 22 millones de ocupados, unos diez millones ganan menos de un salario mínimo, solo 7,8 cotizan a la seguridad social y solo 1,8 millones declaran renta. De más de un millón de empresas, solo unas 3.300 pagan un 70% de los impuestos de renta de las personas jurídicas. Precisamente por esta inmensa informalidad, nuestro país está perdiendo el bono demográfico y esta es una de las causas de nuestro tercer problema estructural: la bajísima productividad.

Hay muchas formas de medirla, pero basta la que ofrece la OECD, cuando mide la productividad como la relación del producto por habitante como proporción del de los Estados Unidos. Según estas cifras, la productividad de Colombia es solo un 22 % de la de ese país, mientras el promedio de América Latina está en un 30 %, la de Chile un 55 % y la de Corea del Sur un 65 %. Pero quizá la cifra más angustiante de todas sea: ¡Nuestra productividad de hoy es ocho puntos menos que hace medio siglo! Además de la informalidad, la pésima calidad de la educación y una casi nula capacidad de innovación explican también estos deplorables niveles de productividad.

Muy relacionado con estos problemas, en cuarto lugar, tenemos un Estado precario, con recaudos tributarios del gobierno de un 14 % del PIB, quizá solo dos puntos por encima de los de mediados del siglo XIX. Además, los impuestos y las transferencias no mejoran la distribución del ingreso, la calidad del gasto público es baja y el Estado tiene una pobre capacidad gerencial.

Pero casi nadie habla de estos problemas. Aparte del plebiscito, los temas son las candidaturas presidenciales, los pretendientes a la Procuraduría y hasta la bicicleta de Carlos Vives. Es una ceguera mental que nos impide ver unos problemas que ya se sienten y que van a estallar pronto. Si seguimos así, el Día del Juicio nos va a coger sin estar confesados. Este es otro síntoma de nuestro subdesarrollo.

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