Por: Guillermo Zuluaga

Estudio para tratar de equivocarme menos: Wbeimar lo dice

El asunto no tendría nada de raro: un nuevo título académico como entrenador de fútbol. Pero sucede que el personaje no dirige ningún equipo de futbol, ni le interesa. Y además, que el titulado lleva casi medio siglo en el oficio así que tampoco es para cumplir un requerimiento obligante para escalar un peldaño más. Y sin embargo:

Como dicen por ahí, no hay quinto malo, y el comentarista deportivo Wbeimar Muñoz Ceballos recién obtuvo su nuevo diploma como Entrenador de Fútbol, en esta vez por cuenta de una universidad española.  

La pregunta entonces sería por qué lo hizo: ¿acaso por desconocimiento del tema? Nada más alejado de la realidad: Wbeimar Muñoz (muchos años pensé que se llamaba Wbeimar Lodice) conoce como pocos el  futbol y el oficio del periodismo. Y no digo deportivo, que es el que más ha desempeñado, sino el Periodismo a secas, como se enseña en las Facultades y como muchos entre otros Daniel Samper Pizano, lo pregonan: sin especialidades. Y Wbeimar Muñoz igual se defiende ante un micrófono de radio, una cámara de televisión, o una libreta de apuntes o un ordenador para escribir una opinión elaborada, no solo de  futbol, sino de deportes y  también –ocasionalmente- reflexiona  certeramente de política, cultura, economía.

Wbeimar es un consagrado periodista deportivo- especializado en fútbol aunque alguna vez incursionó en el ciclismo-. De hecho su programa radial,  “Wbeimar lo dice”,  hace parte de las nostalgias herzianas: desde muy niño me acostumbré a ese su espacio del mediodía que ondulaba por las montañas de Antioquia, “La tierra más amorosa del mundo”, según él –nacido en Sevilla, Valle-, y a esa su voz extraña, de barítono bajo, difícil de describir pero potente y generadora de respeto.

Porque su voz ha sido su sello de identidad. Wbeimar bien podría estar no al frente de un grupo de periodistas sino de un regimiento militar: su sola voz impondría autoridad suficiente para aceptar de inmediato sus mandatos. (Cabría aquí la comparación de Gay Talese  quien decía que “Sinatra resfriado  -sin voz – era como un Ferrari sin gasolina pero peor”). Pero Wbeimar se cuida la voz, pero esta no garantiza el éxito en el periodismo: a esta hay que agregarle dosis de erudición, de empatía, de confianza, de conocimiento del entorno. Wbeimar lo ha sabido y por ello vive cultivándose: camina entre obras de arte; conversa con profesores universitarios, con historiadores, con músicos. Conoce  de músicas –no solo la clásica-. Le gusta la ópera y se dice seguidor de Alfredo Kraus, Pavarotti, Plácido Domingo, Juan Diego Flórez, y del colombiano Luciano García. Para  Wbeimar la voz es un instrumento musical hermoso. Él lo dice.   

Y también dice que cuando viaja trata de procurarse en el país visitado una guía que hable español  y lo empape de la idiosincrasia de esa nación, y  claro, antes de viajar lee  sobre esos lugares para no llegar como un turista de paso. Está convencido de que un buen periodista deportivo es alguien que debe viajar; pero si no puede hacerlo, leer mucho. Y no solo de deportes: Wbeimar  lo dice y cita algunos preferidos: Cervantes, Shakespeare, Dante, Homero, Goethe; “los poetas malditos” y  los latinoamericanos: Borges, Cesar Vallejo, Barba Jacob. Dice que últimamente anda fascinado con literatura de la Europa Oriental y desde ya prevé que el rumano  Cartarescu –a quien anda leyendo- va por el camino de Kafka y  seguramente algún día sea Nobel.

Wbeimar vive en un apartamento rodeado de libros y de silencio, como le gustaría a Borges. Sin embargo,  disfruta caminando la ciudad. Uno  lo busca para  hablar de  periodismo y termina recibiendo una cátedra de geografía urbana, una que ya comienza a perderse en los meandros de la memoria: él no habla de los sitios de “entreno” de los equipos: ni se sabe el hotel de concentración de los jugadores de los elencos paisas: él rememora que salía de una tertulia en Versalles, donde alguna vez vio a Borges y a Mejía Vallejo, (y le contaron que iba Gonzalo Arango) y que diagonal a aquel restaurante situaba la Librería Aguirre donde se sentaba  a conversar  con él y con la leal Aurita López; pero también habla de otra media docena de librerías y de salas de cine y  de la Casa Museo Otraparte donde se evoca a Fernando González.

Wbeimar vive del futbol, él lo sabe, y sin embargo dice que se siente un poco saturado pues todos los días hay partidos  o eternas trasmisiones y le queda poco tiempo para leer. También cuestiona a algunos colegas tan pendientes de las redes sociales, pues cree que allí hay información pero no está la vida. Por eso añora tiempos en que los periodistas conversaban con jugadores, directores técnicos, directivos. Añora las tertulias, y recuerda unas cuantas con su amigo –gran escritor, poliglota y sabedor de músicas- el uruguayo Víctor Hugo Morales; y una en que los dos coincidieron con el Negro Fontanarrosa.

Wbeimar ha trabajado con los mejores de la radio  a quienes considera sus maestros; también ha hecho escuela y enseña con su ejemplo. Y aunque lo suyo ha sido un ejercicio de independencia –a mediados de los años setentas le ofrecieron dirigir la más grande red de emisoras de Colombia y prefirió montar su  programa- su presente no es tan halagüeño: en 2012 tuvo que dejar su espacio con el cual ganó el respeto y el cariño de sus oyentes  y además todos los premios de periodismo habidos, y ahora solo trasmite los partidos de los equipos tradicionales de Medellín; el  futuro tampoco lo ve tan  alentador y eso lo cuestiona un poco porque sabe que está bien rodeado de profesionales y tiene una trayectoria que lo avala. Y sin embargo, seguirá intentando: Wbeimar Lo dice.  

Y no lo menciona pero continuará estudiando porque sabe que el deporte es algo que no puede verse de una forma frívola, ligera. Sabe. Lo explica, que adentro del uniforme del futbolista, habita un ser humano y social. Entonces cuando uno lo conoce, lo ha oído, lo ha leído se (le) pregunta  y él no duda:

“Estudio para tratar de equivocarme menos”: Wbeimar lo dice.

 

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