Por: Daniel Mera Villamizar

Excomuniones ideológicas del Partido Liberal por el No

Para 2018 necesitan las ideas de Jaime Castro, Jorge Humberto Botero, Jorge Bustamante, ¿pero los van a ignorar?

No tengo carnet ni he ejercido cargos a nombre de ese partido, pero un líder, que es como el espadachín intelectual –no oficial – desde los medios, me ha invitado a varias reuniones programáticas, antes del debate por la negociación de paz. Sospechando que no me volverá a invitar, le pregunté si estoy excomulgado ideológicamente y su respuesta divertida fue: "Obvio".

– Pero si yo soy un liberal reformista.

– Digamos un reformista. El que no esté con la solución negociada del conflicto no se puede llamar liberal.

– Yo estoy con la solución negociada, ya que no se pudo vencer militarmente. ¿Ya no es un partido de matices?

– Espero que no, porque eso ha sido un pretexto para que no tenga una línea. De los liberales que estaban con el No, imagino que van a renunciar al Partido porque desistieron de un principio esencial de la doctrina liberal.

Yo no tenía que pensar en renunciar, pero sí en apresurarme a sacar por millas los tiquetes al Hay Festival en Cartagena en enero, pues está descartado que ese partido aparentemente interesado en mis ideas repita la cortesía.

Pero, ya en serio, ¿qué van a hacer con los liberales de partido, de simpatía o de ideas –como Jorge Humberto Botero– que votaron No? Primero, ¿cuántos son? Es probable que no hayan contratado un estudio, y si se pudiera, como a cuál encuestadora encargárselo. En todo caso, sería miope que asumieran que esos 6.5 millones de electores no tienen nada que ver con su partido, con miras a Congreso y presidencia de 2018.

En segundo lugar, ¿cuál va a ser la matriz ideológica? Haberse casado sin capitulaciones con "el mejor acuerdo posible" con las Farc fue un gran error, y la palabra clave es "sin capitulaciones", sin salvedades. Tras las conversaciones del gobierno con los sectores del No y sus 400 propuestas, "el mejor acuerdo posible" fue sobre todo una convicción desafortunada. No le sirve en el foro público.

Normalmente, en un partido moderno y competitivo, el resultado del 2 de octubre habría llevado a que el expresidente Gaviria dejara públicamente el liderazgo de la colectividad y a que alguien con credenciales asumiera la reorientación. La renuncia de Simón Gaviria a Planeación Nacional para tomar la conducción del partido hacia 2018 habría sido un golpe de opinión, si la gente creyera que él tiene las credenciales y la personalidad, independientemente de ser hijo de su papá y del sabor a democracia hereditaria, a cuyo freno me he sumado. Porque el otro líder es Horacio Serpa, el pasado.

En cambio de consecuencias, hay silencio, falta de orientación y de debate. Deberían organizar una gran reunión e invitar humildemente a Jaime Castro para que les cante la tabla. Si tuviera menos años, para llevarle la carta de renuncia a los cargos de dirección nacional. Pero no va a pasar.

El Partido Liberal seguirá creyendo que la agenda del país está en los acuerdos del gobierno con las Farc, sin darse un rol frente a La necesidad de un centro político reformista.

No faltará el que diga que entonces mi lugar está en el Centro Democrático. Ya en el 2014 me invitaron a una reunión de escogencia de candidatos a la Cámara por Bogotá; les pasé por escrito 10 posiciones  en temas de la coyuntura, y decidieron dejarlo así. En cualquier caso, no soy el único de mi generación sin partido. Pero sí de los pocos a los que han excomulgado sin haber entrado, por un amigo inteligente y divertido que no tiene autoridad formal en el partido. @DanielMeraV

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel Mera Villamizar

Icetex: acabarlo versus reformarlo