Por: Daniel Pacheco

“Fake”

“Nos ganaron con mentiras". El argumento tan repetido acá en Colombia luego de la derrota del plebiscito, toma fuerza también en Estados Unidos luego de la victoria de Trump.

En ese sentido, las quejas del presidente Santos ante el Parlamento británico, las que causaron tanto revuelo acá en Colombia, iban tal vez dirigidas a un sentir más global sobre la democracia y las elecciones, que a lanzar una pulla para agitar el avispero nacional.

Un par de días luego de recibir a Trump en la Casa Blanca con la abnegación de quien al menos se aferra al traslado pacífico del poder en una democracia, Obama lanzó serios cuestionamientos a cómo se está transmitiendo la información en los debates públicos: “Si no somos serios acerca de cuáles hechos son verdaderos y cuáles no, si no podemos discriminar entre argumentos serios y la propaganda, entonces tenemos problemas”.

Las palabras de Obama iban especialmente dirigidas a las plataformas de redes sociales, que son, según el centro de opinión pública Pew Research Center, la segunda fuente de donde las personas se informaron en las pasadas elecciones, después de los canales de televisión por cable. Y es que, según un reciente análisis publicado en Buzzfeed, en los últimos días de la campaña las noticias sobre las elecciones más compartidas en Facebook de medios tradicionales (como el New York Times, Wall Street Journal o Washington Post) fueron menos compartidas (7,3 millones de veces) que las noticias falsas de páginas partidistas y lugares de propaganda negra (8,7 millones de veces).

Así, por ejemplo, esta noticia: “Papa sorprende al mundo, apoya a Donald Trump, publica comunicado”, se convirtió en la más movida en Facebook en los últimos tres meses de las elecciones gringas, con 960.000 likes y compartidos.

Tienen algo de razón quienes piensan que es curioso que sólo ahora, después de derrotas del liberalismo, surja esta preocupación. Suena a excusas de perdedores. Sobre todo de quienes antes elogiaban el ascenso de las redes sociales, como Obama, con una nueva forma de hacer política.

Esto complica la pregunta de fondo, que es si hay algo realmente nuevo y peligroso en la forma como la gente se está informando que convierte a la verdad y la mentira en elementos irrelevantes del discurso público.

Porque, si bien no es verdad que el papa apoyó a Trump, la noticia más compartida en Facebook de medios tradicionales no deja del todo bien parados a los adalides de la verdad: “La historia de Trump con la corrupción es sorprendente. Entonces, ¿por qué se supone que Clinton es la más corrupta?”, tituló el Washington Post.

El problema de señalar la mentira, o las “fake news”, como las llaman en EE. UU., con comillas y todo, es que le impone al denunciante un estándar de franqueza difícil de mantener. Acuérdense del famoso “mejor acuerdo posible” de Humberto de la Calle, por ejemplo.

El problema de no señalarlas e insistir en el libre intercambio de ideas sin regulación es que al final, como diría George Orwell, no nos queda nada a lo que aferrarnos para no caer en la locura de un mundo donde una cosa es igual a su opuesto, y al contrario también.

@danielpacheco

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