Por: Antonio Casale

Falcao

El regreso de Radamel Falcao a la selección es un mensaje de esperanza para Colombia y otro de alerta para los rivales.

Falcao va más allá de lo que pueda suceder en la cancha. El Tigre simboliza al colombiano promedio que se levanta a trabajar a pesar de todas las dificultades que se puedan presentar. Su espíritu de lucha, combinado con su capacidad goleadora, encarna lo que todos quisiéramos ser a partir de valores como la constancia, la disciplina y la fe.

Además, en la cancha su nombre produce temor en los rivales. Su presencia hace que los técnicos adversarios tengan que tomar recaudos adicionales. El nueve de Colombia es de esos pocos que meten a las defensas rivales unos metros más atrás solamente por el hecho de estar ahí.

Falcao ha superado todo tipo de obstáculos para volver a vestirse con la camiseta del equipo de todos y su regreso con gol marcaría otra historia con tintes cinematográficos como las que él ha sabido protagonizar.

Ahora bien, los superhéroes solamente son parte de la ficción. Para que Falcao pueda hacer lo suyo es necesario que el equipo juegue como tal, y eso en materia ofensiva hace rato no se ve.

Será necesaria la salida por los costados de los laterales para que alternados con los extremos encuentren soluciones que permitan explotar el juego aéreo. Será importante que los volantes se junten a tocar la pelota para fabricar los espacios y así avanzar en bloque para que El Tigre no sea el único que pise el área contraria. Será fundamental que James sea su socio, como ya lo supo ser en el Porto y el Mónaco.

Para que Falcao sea el superhéroe de la película y el viernes los sabios no lo vuelvan a tildar de “exjugador” o “mueble”, su equipo tendrá que respaldarlo. Esa es la parte más difícil. Ojalá se logre.

 

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