Por: José Fernando Isaza

Familia II

Pretender que la Biblia tenga, en una sociedad laica, una autoridad superior a la Constitución es igual a la política del Estado Islámico de afirmar que el Corán es la ley.

Las familias de los principales protagonistas de la Biblia no pueden tomarse como un modelo a seguir.

José y sus 11 hermanos: estos por envidia buscan asesinarlo, pero no lo hacen porque es más provechoso venderlo como esclavo: “¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y echar tierra sobre su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas…” (Génesis 37:26).

David, el rey guerrero, tenía algunos rasgos de bisexual, es decir, comía de dulce y de sal: “Jonatán se encariño con David; lo quiso como a sí mismo, se quitó el manto que llevaba y se lo dio a David, y también su ropa, la espada, el arco y el cinto” (I Samuel 18-2). David no era monógamo: “David tomó en Jerusalén otras concubinas y esposas que le dieron hijos e hijas” (2 Samuel 5-12). No tuvo ninguna restricción para hacer matar a Urías, el esposo de Betsabé, quien fue su amante y con quien tuvo un hijo: “Pon a Urías en primera línea, donde sea más recia la lucha y se retiran dejándolo solo para que lo hieran y muera” (2 Samuel 11-15).

Otro modelo bíblico familiar, propuesto por quienes atacan la idea de promover la educación incluyente, es el de Salomón. Es conocida su fama de hombre sabio, rey riquísimo, constructor del templo que lleva su nombre etc. La Biblia dice: “Salomón se enamoró perdidamente de ellas; tenía 700 esposas y 300 concubinas” (I Reyes 11-3). El dato puede ser algo exagerado, pero como saber si ese Dios furibundo de la Biblia hablaba en serio o en broma.

Abundan otras familias como la de Esaú y Jacob, en donde campean el engaño, la avaricia. O la de Abraham, con su frustrado filicidio. En realidad es difícil encontrar el modelo de familia que pretenden imponer los piadosos enemigos de las cartillas de convivencia escolar.

Se puede argumentar que los ejemplos anteriores son del Antiguo Testamento, que en el Nuevo el amor predomina. Sin embargo, es el mismo Dios quien dicta los textos. Se requiere, por ejemplo, mucha imaginación para llamar un tratado de amor al Apocalipsis de San Juan.

La familia modelo, por supuesto, es la llamada Sagrada Familia, pero tiene algunas dificultades seguirla como ejemplo. Inicialmente consta de tres personas: el padre, la madre y el hijo, pero el hijo no es el hijo del padre, y hoy las fecundaciones divinas son extremadamente escasas. Otro punto es que una familia con un hijo único no cumple el precepto de crecer y multiplicarse, pues la población disminuiría. Para que una población aumente, se requiere que las parejas tengan un promedio superior a 2,3 hijos. Parece que la Sagrada Familia sí tuvo más hijos: “La gente estaba sentada junto a él (se refiere a Jesús) y le dicen: «Mira tu madre, hermanos y hermanas están fuera y te buscan»” (Marcos 3-32).

En el Nuevo Testamento se predica una posición inferior de la mujer: “El varón no tiene que cubrirse la cabeza, siendo imagen de la gloria de Dios, mientras que la mujer es gloria del varón” (I Corintios 11-7). “Pues el marido de la mujer como Cristo es la cabeza de la Iglesia” (Efesios 5-23). “Mujeres, someteos a vuestros maridos” (I Pedro 3-1). ¿Es este el modelo de relación hombre-mujer que quieren quienes marcharon contra Gina?

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