Por: Iván Mejía Álvarez

Flojo nivel

Decepcionantes, absolutamente decepcionantes, resultaron las dos primeras semifinales del campeonato colombiano. Se supone que, tras cinco meses de partido en partido, a esta instancia llegan los equipos con más capacidad para producir fútbol y que los juegos entre los cuatro mejores sean de un nivel superior al promedio del torneo.

Lamentablemente para los protagonistas, se confabularon dos factores claves: las canchas y el nuevo balón. La gramilla de El Campín todavía no ha pegado bien, está llena de pequeños promontorios y de huequitos, y se hace difícil jugar allí. La del estadio de Floridablanca nunca ha sido buena, no es un campo de categoría y, por supuesto, los jugadores de Tolima y Bucaramanga lo sintieron.

Factor concomitante es el nuevo balón. Lanzado con bombos y platillos a mediados de la semana, desde su color rojo ya deja una inquietante sensación. Los jugadores de los cuatro equipos no pudieron ocultar su malestar con una pelota que rodaba, saltaba, brincaba, se iba del control, rebotaba en las piernas. Súmense los elementos: canchas en mal estado y balón extraño y desconocido con el cual no hubo un tiempo de adaptación, y el resultado es similar para los dos lances iniciales de la ronda semifinal: malos partidos.

Alguien dirá que el balón es igual para los dos equipos. Cierto, por eso se habla de cómo sufrieron todos los protagonistas, no se dice que le hizo mas daño a uno que a otro. Con sólo dos días de entrenamiento, los jugadores no tenían sensibilidad en el control y manejo de la pelota.

El error no es haber estrenado balón. La falla estuvo en que el lanzamiento de la bola, por efectos comerciales de su empresa productora, se hizo en pleno diciembre y en semifinales. Este balón debió ser presentado en sociedad en octubre, y entonces no se estaría escribiendo esto, porque los jugadores ya se habrían adaptado. Pero pelota nueva en semifinales del torneo, exabrupto de marca mayor, desaguisado, es pensar muy poco en el aficionado y en el nivel del espectáculo. Y si no se podía en octubre, dejarlo para enero con el nuevo torneo, cuando todos hubieran podido trabajar con él. Dos entrenamientos es muy poco para adaptarse a esa bola tan rápida y saltarina.

No fueron buenas las semifinales, pero este domingo los cuatro equipos tienen la oportunidad de reivindicarse. Las canchas del Atanasio y de Ibagué están en buenas condiciones y entonces se verá si el balón sigue siendo el tema del que se habla o la capacidad de adaptación de los jugadores permitirá que se hable mucho más de fútbol que de los gramados y la pelota.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Iván Mejía Álvarez

Zurdos

Júnior

Vergüenza total

Definiciones

Negocio en crisis