Por: Mario Morales

Frenteros

Sí, hay que afrontarlo. El problema no es decirle al país que votar negativamente el plebiscito es la puerta de regreso directo a la guerra (como efectivamente lo es), sino saberlo a decir para que no suene a amenaza en las mentes más susceptibles y en las mentiras estrambóticas del uribismo.

Pero esa prudencia, de modo y lugar, no puede afectar la claridad. Lo que no puede hacer el gobierno es callarlo ni entrar en el terreno fangoso de los eufemismos. Es más, hay que repetirlo hasta el cansancio, para que nadie se llame a engaños.

Por eso es preferible la franqueza del expresidente Gaviria cuando dice que “la consecuencia de rechazar los acuerdos va a ser la guerra, así no la quieran”, al espíritu componedor de De la Calle, que hablaba, antes de volver a Cuba, de que “renegociar los puntos del acuerdo con las Farc, sería un error. Es mucho más que eso, es un imposible procedimental, es una patada al virtual acuerdo y es, para quienes lo invocan, un llamado a la guerra miserable tal y como la hemos conocido en estos 60 años.

En la mesa, tal como está planteado, no hay lugar para ese tipo de revisionismos. Y los voceros de las partes deberían ser enfáticos en recalcarlo. Como se ha dicho desde varios sectores, es preferible una paz imperfecta a una guerra estúpida y a la extensión de la violencia, responsables las dos de esta sociedad cultivada en el odio, en el egoísmo y en el encierro por culpa del miedo que nos ha obligado a desconfiar del otro, a pasar por encima de los demás, a legitimar las seguridades privadas, al uso indiscriminado de las armas, el justicierismo, la venganza y la devaluación del valor fundamental de la vida.

Es momento de las verdades por dolorosas que suenen. Eso sí, verdades sustentadas y comprobadas en este pasado cruel y real que sigue al acecho. No podrá ser amenaza lo que finalmente son profecías, dichas no como hechos ineludibles, sino para que no se cumplan.

www.mariomorales.info y @marioemorales.

 

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