Por: Daniel Mera Villamizar

Glosas a Uprimny (III): ¿reconciliación o coexistencia?

Los términos de la negociación en La Habana no son los mismos para la 'reconciliación' (que no es "express").

El discurso complaciente que idealiza el proceso de paz nos guía hacia "la reconciliación", como cuando Rodrigo Uprimny sugiere el modelo de Sudáfrica. Mi punto es que más reflexión moral y más chequeo empírico modificarían la noción vaga de reconciliación que se propone como un valor políticamente correcto y, por ende, indiscutible.

¿Entre quiénes es la reconciliación en Colombia? No entre dos grandes grupos étnicos, religiosos, territoriales o sociales históricamente rivales, inmersos en un enfrentamiento violento. Las Farc no tienen la representación de un grupo social significativo. Entonces, ¿la reconciliación sería entre la sociedad colombiana y las Farc? Es éticamente difícil hacer este planteamiento sin una serie de consideraciones, en primer lugar morales, que brillan por su ausencia en el llamado a la reconciliación.

El argumento que están usando es que negociación y reconciliación vienen en paquete, sin advertir que aunque relacionadas, son cosas distintas. Uprimny sugiere que mucha justicia pone en riesgo las dos, cuando poca justicia facilita la negociación (hoy) y dificulta la reconciliación (mañana). Mucho perdón judicial en la mesa de negociación socava el perdón moral en los corazones. Las Farc parecen entender mejor que la reconciliación será complicada, y por eso quieren asegurarse
-mediante el acuerdo- curules y poder político sin votos, por más de un periodo.

Que la conciencia colombiana sobre el uso de la violencia política cambió en este cuarto de siglo se nota en que nadie esperaría para las Farc la votación que obtuvo el M-19 en la elección de la Constituyente de 1991, en lo que podría llamarse una reconciliación.

No pocos intelectuales, tal vez conscientes de lo que están haciendo, dicen "guerreros" para dignificar moralmente a los que la gente llama asesinos, secuestradores, extorsionadores, terroristas y, con una mezcla de los calificativos anteriores, guerrilleros. La pregunta es: ¿bajo qué condiciones resulta correcto buscar eliminar la distancia moral entre los colombianos y las guerrillas para restablecer o crear un vínculo espiritual, anímico, cívico o de comunidad de valores, o lo que se entienda por reconciliación?

Esa distancia moral es expresión de un activo cultural valioso que nos acerca a la civilización política. En lugar de horadar la cultura de rechazo a la violencia política minimizando la culpa de los violentos, podemos fortalecerla con el llamado ético a garantizar la coexistencia pacífica con las guerrillas desmovilizadas, a ser íntegros ética y moralmente frente a los reincorporados para no tolerar ninguna venganza contra ellos.

Pero no: estamos en la sorprendente situación en la que una parte considerable de la élite ilustrada cree tener la razón moral frente a un sentimiento mayoritario adverso de la sociedad, y en vez de revisar su postura, espera que las encuestas favorezcan la reconciliación "express".

@DanielMeraV  

 

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