Por: Felipe Zuleta Lleras

Gracias, presidente Santos

Advirtiéndoles de antemano a algunos lectores suspicaces y antiproceso de paz que esta columna la hago de corazón, y no porque tenga contratos con el Gobierno o reciba cosa alguna del Estado, diferente a los maltratos que recibimos a diario millones de colombianos, no puedo menos que agradecerle al presidente Santos por su persistencia, dedicación, esfuerzo y berraquera al haber alcanzado el acuerdo final con las Farc.

Más de 50 años de conflicto armado con este grupo, millones de víctimas, billones de pesos y una violencia que nos tenía hartos, bien merecen que quienes desde el principio apoyamos el proceso, hoy públicamente le agradezcamos al jefe de Estado.

Muchos de quienes llamo suspicaces iniciarán su proceso de lapidación en mi contra. Eso, por supuesto, no me importa, porque prefiero miles de trinos de los desocupados de oficio que las balas y las bombas de las Farc.

Como millones de colombianos padecí personalmente a las Farc al verme obligado a vivir fuera del país por diez años, dejando atrás muchas cosas que eran importantes para mí. Hoy podría estar muerto de la rabia después de haberme leído los acuerdos, al ver algunas de las cosas que los magníficos negociadores del Gobierno les concedieron en La Habana. Pero entiendo que, como lo dijera Humberto de la Calle, este no es un acuerdo perfecto, pero es lo mejor que se ha podido conseguir para el Estado y para las Farc, que debemos recordar, no fue capaz de derrotar por las armas.

La noticia de que arranca desde mañana el cese bilateral no puede menos que alegrarme. Saber que por cuenta de las Farc no volverá a morir un solo colombiano más, un solo soldado más, un solo guerrillero más, es absolutamente maravilloso.

Tal vez quienes no han padecido en carne propia esta guerra piensen que Santos le entregó a la guerrilla el país, pero qué equivocados que están. Porque hablar de la guerra desde una cómoda poltrona es fácil, pero padecerla en las zonas que históricamente han sido azotadas por el conflicto, es otra cosa bien diferente.

Gracias, presidente Santos, porque mi joven hija y sus hijos podrán saber de las Farc por los textos de historia, pero no tendrán que padecer esta guerra, como nos ha tocado a millones de colombianos por los últimos 50 años.

Gracias, presidente Santos, porque usted se jugó todo su prestigio y el de su Gobierno en un proceso que hace algo más de cuatro años parecía no tener ningún futuro. Porque supo asumir con entereza de patria la importancia de bajarle el cartel a las Farc, porque por cuenta de este proceso Colombia dejará de ser visto como un país de parias.

Arranca ahora otro tramo duro. El de cumplir los compromisos adquiridos. El esfuerzo será enorme, pero nos corresponde a todos los colombianos lograrlo. Y la única manera de lograrlo es desarmando nuestros espíritus, dejando de lado el odio hacia los demás. Esa tarea no será fácil, pero es necesaria.

Por lo pronto, gracias presidente Santos, gracias de todo corazón.

 

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