Por: Antonio Casale

Grandes y chicos

En fútbol hay equipos grandes y chicos. Cada uno tiene responsabilidades diferentes, por eso cada uno debe tener estrategias distintas.

Los equipos chicos generalmente representan a ciudades pequeñas o simplemente a sus dueños, que en muchas oportunidades no están interesados en construir hinchada. Su vitrina no está llena de trofeos y sus pocos seguidores no son exigentes.

Es por eso que los errores pasan desapercibidos. Los equipos chicos tienen más oportunidades. Tienen más tiempo para construir procesos. Pueden ganar cosas importantes con jugadores que no son costosos. Recuerdo a Once Caldas campeón de Copa Libertadores en 2004 o a Boyacá Chicó ganador en 2008 en Colombia. En todo el mundo es igual. Guardadas las proporciones, lo recientemente logrado por el Leicester en Inglaterra lo demuestra.

En cambio, los equipos grandes tienen menos margen de error. La grandeza se mide en el número de títulos que han construido una hinchada numerosa y exigente. Pero en el fútbol las credenciales hay que revalidarlas todos los días. Los equipos grandes reciben más dinero por concepto de patrocinios y taquillas, y en consecuencia tienen el deber de invertir más y mejor. A estas instituciones deben llegar jugadores con carácter y esta es una virtud que se adquiere con la experiencia de haber ganado títulos y haber pasado por varias crisis. Esos son los que saben jugar bajo presión, los que saben tomar decisiones dentro de la cancha cuando la silbatina desciende desde la tribuna. Por eso cobran más que los demás. Los equipos grandes también se preocupan por construir una política de divisiones menores. Es más barato y mejor valorado por la hinchada producir jugadores que sepan desde pequeños lo que significa defender la camiseta de un equipo grande. La correcta mezcla entre estos jóvenes y los experimentados que hayan ganado títulos es la fórmula, ya inventada, para que un equipo grande pueda ser competitivo. No recuerdo haber visto a equipos grandes ganar títulos con nóminas de equipos chicos.

El problema es que la pérdida de grandeza es adictiva. De grandes venidos a menos está hecho el mundo del fútbol. América y Millonarios en Colombia, Milan en Italia o Flamengo en Brasil son algunos ejemplos.

Gestionar su retorno al lugar que algún día ocuparon es el reto más difícil de su historia. Para eso se requiere de hombres valientes y con carácter para su transformación. Gente capaz de innovar, es decir, de pensar y actuar de una manera diferente para obtener resultados diferentes. No se trata solamente de una gran chequera. Se necesita estrategia.

 

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