Por: Luis Carlos Vélez

Hacer a Colombia grande nuevamente

Como en Colombia tenemos la mala costumbre de copiar y empeorar las malas prácticas de otras naciones, no me queda la menor duda de que más temprano que tarde alguien tendrá la brillante idea de poner a rodar los postulados de Donald Trump en nuestro país con la esperanza de ganar las próximas elecciones presidenciales. Y lo peor es que si lo hace, probablemente lo logre.

Trump le apostó al nacionalismo conservador, a la indignación nacional por la corrupción y al desespero económico provocado por promesas de prosperidad incumplidas. Rechaza la globalización, prefiere lo local, repudia el libre comercio y le apuesta a la demanda interna. Se dedicará a construir grandes obras, apelará a la deuda para financiarse y buscará generar empleos en las áreas más deprimidas del país, olvidando la necesidad de mantener un balance fiscal.

Al principio, sus políticas caerán como un bálsamo refrescante que revivirá la economía, la gente celebrará y quizás la gasolina le alcanzará hasta la reelección. Muchos se preguntarán por qué, si el camino era tan obvio, nadie tomó la determinación política de aplicar estos postulados, y llegarán a la conclusión de que efectivamente logró hacer a Estados Unidos grande nuevamente.

Pero el problema es que se trata de un espejismo. Una solución clásica a corto plazo, pero terriblemente peligrosa para el mediano y largo. Estados Unidos es un país altamente endeudado, y más deuda significará poner más al Gobierno al servicio de los intereses de los grandes bancos y naciones como China, que han demostrado tener un interés por los papeles estadounidenses. También, más deuda significa inflación, que es sinónimo de altas tasas de interés. Esto último sin duda generará mayor flujo de dineros a la unión americana y un retiro significativo de recursos en las economías en vía de desarrollo, como las nuestras. A la larga, un EE. UU. más egoísta sin duda representa menos beneficios para los demás, como Colombia, que cuadra cuentas con la inversión extranjera y sostiene parte de sus proyectos sociales, como Paz Colombia, que en esta nueva administración corre el riesgo de sufrir un muy serio recorte.

La doctrina Trump revive elementos populistas que ganaron elecciones y dejaron un legado en nuestra región. Es una mezcla de la promesa de un Estado grande y protector como lo quería Hugo Chávez, una rebeldía macroeconómica como la pregonaba Alan García en su primer gobierno, una venganza social como la que promovió Gustavo Petro en Bogotá, un resurgir de la clase obrera como la de Lula y un anhelo de liderazgo y figura paternal como la que generaba el expresidente Uribe.

Es por eso que es tan peligrosa la lección que deja Trump en nuestro país. Su gran logro fue identificar efectivamente los detonadores emocionales de EE. UU., que son los mismos de cualquier nación que ha sufrido los vaivenes de la globalización y el liberalismo de las últimas décadas. El problema es que la enfermedad ha sido diagnosticada, pero no se ha propuesto una cura, y por ahora se le ha dicho al paciente todo lo que quiere oír, en lugar de revelar el duro camino que está por recorrer.

 

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