Por: Marcos Peckel

Hechos alternativos

“Quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado”. Esta sugestiva frase de George Orwell en "1984", su obra magna, sintetiza la “maleabilidad” de los hechos e ilustra la imperiosa necesidad de hacerlo si se quiere llegar y permanecer en el poder.

Para los autócratas, monarcas absolutistas, papas medievales, dictadores fascistas y comunistas y los nuevos hombres fuertes del siglo XXI,  es tan crítico el manejo de la información como la interpretación de la historia, contarla de manera tal que justifique lo que se está haciendo con lo que a su vez moldean los hechos del pasado.

No hay una sola versión de la historia de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo. Cada cual, soviéticos, chinos, japoneses, americanos, la interpretó a su conveniencia para avanzar sus propios designios. “quien controla el pasado controla el presente”. La caída de la Unión Soviética generó una “visión alternativa” de pasado ya no glorificando el comunismo soviético victorioso, sino la madre patria, la Gran Rusia.

No es gratuito que cuando hay un cambio radical de régimen lo primero que hacen los recién llegados es destruir toda evidencia del anterior para matar el pasado y controlar el presente. Los libros y cartillas de historia cambian de manera tal que lo único que queda son los “hechos alternativos” generando confusión en algunos y certeza en aquellos áulicos del nuevo orden. El teniente coronel Hugo Chávez fue un experto en moldear la historia de Venezuela creando, con base en una “visión alternativa” del pasado, una realidad virtual inexistente para la gran mayoría, pero de gran beneficio para los círculos del poder bolivariano.

Lo único que hizo Kellyanne Conway, asesora del presidente Trump, cuando acuñó el término “hechos alternativos” en una rueda de prensa, fue plasmar lo que siempre ha existido y que quizás muchos no querían ver: la interpretación de los hechos depende de la “perspectiva”, del lugar físico o ideológico desde el que se miren, de los lentes y filtros que se usen, de la luz exterior, de las sombras, de lo que se quiera ver. La génesis de este debate es un hecho en apariencia banal: la cantidad de gente que asistió a la posesión de Trump, que para los medios tradicionales fue muy inferior a los que asistieron a la de Obama ocho años antes, pero que para el nuevo mantra de “hecho alternativos” no tomó en cuenta “mucha gente que no aparecía en las cámaras”.

En el nuevo mundo de las redes sociales, la fragmentación de la sociedad, las infinitas fuentes de información, las élites defenestradas, los grandes medios están a la defensiva, ofreciendo su producto con mensajes de “periodismo independiente” o “la perspectiva más confiable”, dando razón con esto a la existencia de “hechos alternativos”, los cuales están para quedarse reemplazando la “verdad” si es que esta alguna vez existió.

 

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