Por: Daniel Pacheco

Histeria

Para los griegos era el útero. La historia de la histeria empieza como un sustantivo, solo una palabra para una parte. Rápidamente, sin embargo, la histeria se vuelve condición. En la colección Hipocrática, aparece como “sofocación histérica”; un calor, falta de aire, nervios, una condición exclusiva de la mujer.

En teoría, la histeria rompe las barreras del sexo en el siglo XIX, por medio, paradójicamente, de la paciente feminista tratada por Josef Breuer y Sigmund Freud, conocida con el seudónimo de Anna O. El tratamiento de Anna, una mujer que padecía de parálisis parcial, perturbaciones en su visión y consciencia, y alucinaciones, llevó a Freud a esbozar la teoría de que la histeria era la manifestación física de una enfermedad mental. En el caso de Anna, la enfermedad y muerte de su padre. Su tratamiento dio inicio al psicoanálisis.

Hoy la histeria ha salido de los manuales médicos. Se usa como un término sombrilla para hablar de estados de excitación nerviosa, muchas veces con una connotación colectiva, y usualmente con orígenes y consecuencias irracionales.

Esta breve historia de la histeria va​ para hacer un diagnóstico provocador: Colombia es un país con una fuerte tendencia a la histeria. Muchos de sus percibidos males provienen más de la forma en la que nos pensamos, que de los hechos objetivos sobre su estado “físico”.

Y voy a asumir que el​ estado físico de la nación está reflejado en la recientemente publicada Encuesta Nacional de Demografía y Salud, un trabajo quinquenal que llevan a cabo Profamilia y el Ministerio de Salud, en más de 40.000 hogares colombianos.

Según la encuesta, en el 2005, 11,5 % de las mujeres entre 15 y 49 años sufrieron violencia sexual por parte de su pareja. En el 2015, el porcentaje fue de 7.6%. La reducción fue del 3,9 %.

Según la encuesta, el porcentaje de embarazos adolescentes pasó de 20,5 % en el 2005 a 17,4 % en el 2015. La mortandad infantil, de 18 niños por cada 1.000 nacimientos entre el 2005 y el 2010, a 14 entre el 2010 y el 2015. En el año 2000 solo el 35,7 % de las mujeres entre 15 y 49 años tenía secundaria completa o más estudio. En el 2015 esta cifra llegó al 60 % de las mujeres.

El panorama que pinta la encuesta, una de las iniciativas más importantes para dar una radiografía del bienestar general de las familias y las personas en Colombia, no es perfecto. Está lejos de serlo. Pero, y este es un pero importante, muestra mejoras importantes, progresivas, y hasta ahora sostenidas, en aspectos claves como la salud y la educación, en especial en lo que tiene que ver con el acceso de servicios y la protección de derechos para las mujeres colombianas.

Esto contrasta con la histeria constante en la que se sume la gente cuando ocurren crímenes horribles contra las mujeres, como el de Yuliana y el de Rosa Elvira. Por eso, además por supuesto de un esfuerzo sostenido para seguir acortando las brechas enormes entre hombres y mujeres, al país le vendría bien una sesión colectiva de psicoanálisis.

@danielpacheco

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel Pacheco

Video, luego existo

Inverosimilitud fiscal

Generación E

1,5°C