Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 13 horas
Por: Olga Lucía Barona

Hola, Óscar

Ver llorar a Óscar Figueroa como un niño chiquito, a todo pulmón, con todo el sentimiento y hasta haciendo pucheros, fue como recrear en unos cuantos segundos lo que verdaderamente significa para un deportista ganar una medalla de oro. Es trabajar toda una vida, en el caso de Figueroa más de 22 años, por llegar allá, a lo más alto del podio, un momento en el que las palabras se quedan cortas.

Y lo digo porque Óscar es un hombre serio, recio, de palabras fuertes, sin pelos en la lengua, de esas personas que a veces hasta te intimidan. Y verlo allí, conmovido por un profundo sentimiento, es poder materializar su grandeza. Es poder cristalizar con unas lágrimas todo el sacrificio, todo el camino que tuvo que recorrer, lleno de espinas, de críticas, de dudas, porque inclusive algunos se atrevieron a decirle que ya estaba viejo para ganar una medalla de oro olímpica. Y así lo cobró él ayer mismo, apenas se bajó del podio y acariciaba la medalla con una mano: “¿Viejo yo? No, esto es experiencia”.

Cóbrala toda, Óscar Figueroa, porque ganaste como todo un guerrero, de principio a fin, con la misma contundencia con la que hablas cuando criticas algo con lo que no estás de acuerdo, con la misma entereza que te ha caracterizado en toda tu carrera deportiva.

Eres una leyenda, eso ya nadie te lo quita. Plata y oro en unos Juegos Olímpicos, un cuento que pocos pueden contar. Y aprovecha, porque ahora todos te felicitan, te aplauden, te adulan. Sí, incluida yo. Pero es tu momento de gloria, porque con ese oro de anoche, grande como tus músculos, demostraste de qué material estás hecho.

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