Por: Juan Carlos Gómez

“Homeland”

Desde el primer episodio de la serie de televisión Homeland se siente miedo y dolor por lo que sucede en el mundo y las miles de víctimas inocentes abatidas en un hospital, una calle apacible, un metro, una aldea de pobres. Muy pocos lugares de la tierra escapan hoy en día de la garra del terrorismo que inspira el fanatismo religioso; el enemigo puede ser nuestro vecino y compatriota, habla el mismo idioma y puede ejecutar el peor acto de barbarie en la tarde del mismo día en que llevó temprano a sus hijos a la escuela.

La serie se empezó a transmitir en 2001, ya lleva cinco temporadas, en pocos meses se estrenará la próxima y se espera que se produzcan al menos otras dos.

El personaje central —magistralmente interpretado— es apasionante: Carrie Mathison, agente de la CIA, quien padece trastorno bipolar y cierto grado de compulsión sexual. Esa heroína desde Langley, Islamabad, Beirut, Teherán, Bagdad, Estambul, Kabul, Berlín o cualquier parte, recluta espías y persigue a terroristas musulmanes. Sin maniqueísmo y lejos del triunfalismo tipo John Wayne-Viejo Oeste, recrea muy bien la torpeza, la vileza y la debilidad —a pesar de su poder— con la que Occidente enfrenta esta guerra mundial del siglo XXI.

Homeland, casi de manera documental —como un reality—, a lo largo de sus ya sesenta episodios involucra en su trama, casi a la par, algunos acontecimientos militares y geopolíticos de los últimos años: guerra de drones, Wikileaks, ataques a civiles en capitales europeas, lobos solitarios, Estado Islámico, la ambivalencia de Rusia. Incluso, en la próxima temporada aparece una mujer a cargo de la Presidencia de Estados Unidos.

Homeland y otras producciones, como House of Cards, tienen la virtud de hacerle creer al televidente que por fin se conocen los códigos del poder. Esperemos que el final de esas series no nos desilusione o que una caída de la audiencia no las condene a un entierro prematuro.

A quienes quieran empezar Homeland se les advierte que después de ver más de cuatro episodios seguidos se puede padecer aislamiento familiar o trastornos de sueño y que el síndrome de abstinencia es severo.

@jcgomez_j

 

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