Por: Columnista invitado

Hoy no soy invisible

Tengo serios problemas con las campañas que se hacen en estas fechas.

Por: Sandra Suárez

Hoy es el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer y siempre hay colectivos y movimientos que idean campañas para hablar del tema.

El año pasado, fue el labial naranja (http://www.elespectador.com/opinion/el-labial-naranja) campaña sobre la cual escribí también; a cambio, recibí comentarios como:

“Esta debe ser la típica gorda, asquerosa y loca feminista con axilas peludas y pintadas de colores, que se defeca en las calles y que se alimenta de galletas y pasteles hechos con su propia mestruacion”.

Pasó un año y no sé si lo anterior era un insulto o si era un complemento a lo que escribí. Me gusta pensar que es lo segundo.

Hoy la campaña se llama “El día que Colombia se quedará sin mujeres” y consiste en una protesta en la que se invita a todas a ausentarse de sus lugares de trabajo, de sus casas y hasta de las redes sociales.

Tengo serios problemas con las campañas que invitan a invisibilizarse, (como la de Gustavo Bolívar y su tuit de silencio por la pérdida de un pedazo de territorio frente a Nicaragua).

No entiendo cómo la mejor forma de protestar es volverse invisible, pasar desapercibido, guardar silencio. En el 80% de los casos de feminicidio, no hubo denuncia previa de abuso; es decir, guardaron silencio. Conocimos a Camilo Sanclemente luego de que una de sus víctimas (van 7) alzara la voz y lo denunciara.

Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (2015),  menos del 40% de las mujeres que sufren violencia buscan ayuda, y, las que lo hacen, se refugian en sus familias y amigos porque no confían en las autoridades, menos del 10% fueron a la policía después de haber sufrido un acto de violencia en su contra. Lo que narran las víctimas que van a las autoridades es aún peor, a algunas las sientan al lado de sus victimarios, a otras se les cuestiona por la ropa que llevaron y hasta las culpan por lo que acaban de vivir, tampoco se les brinda atención médica a tiempo.

No por mis cuestionamientos al mensaje que me puede quedar del día que Colombia se quedará sin mujeres, dejo de admirar a las personas que están detrás de la campaña y su lucha; son personas que buscan maneras de apoyar a las víctimas, de contar sus casos. Esta columna no es un texto en su contra.

Pero sí creo que es necesario ponerle una cara y nombre a las víctimas, que en su momento hemos sido todas, así como hay que dejar decirle “monstruos” a los perpetradores. No son criaturas lejanas y llenas de taras las que están violentando a las mujeres, nomás miren la cifra de la Organización Mundial de la Salud, que estima que en algunos estudios nacionales demuestra que hasta el 70% de las mujeres han sufrido de violencia (física o sexual) por un compañero sentimental en su vida.

Es hora de que hablemos de esto en todos los espacios, con amigos, compañeros de trabajo, familiares, hijos y en nuestras redes.

Hoy no seamos mujeres invisibles.

 

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