Por: Arlene B. Tickner

Ideología de género

Siguiendo a Althusser, la ideología puede entenderse como conjuntos de ideas y creencias que representan la relación imaginaria que tienen las personas con el mundo real, se materializan en instituciones y prácticas que administran las relaciones sociales y nos constituyen como sujetos. Entre ésos, las representaciones de género (y de raza) han jugado un papel central en la modernidad, sobre todo en relación con la consolidación del capitalismo y el Estado. Además de la adscripción de roles específicos a los hombres y las mujeres en la producción, la reproducción y la guerra, la instauración de ambos como formas universales y “naturalmente” superiores de organización económico-política fue acompañada del disciplinamiento del cuerpo y de la sexualidad humana en función de sus necesidades productivas y de la consolidación del patriarcado.

Los resultados del género así entendido incluyen la creación de una única relación entre el cuerpo biológico y la identidad sexual —desmentida por un sinnúmero de casos, como el de la atleta intersexual sudafricana Caster Semenya—, la división social de papeles masculinos y femeninos aceptables en la economía, la política y la ciencia, entre otras esferas, y la heteronormatividad, una ideología que define y reglamenta la sexualidad heterosexual como normal y moralmente superior, y que castiga la homosexualidad y cualquier otra “desviación” sexual.

En tergiversación de lo anterior, la Iglesia católica viene empleando el término “ideología de género” para condenar el rechazo de las diferencias biológicas entre los dos sexos —tal y como fueron determinados supuestamente por Dios— encabezado por la academia y el movimiento feminista y LGBTI alrededor del globo. En su visita a Polonia en julio, el papa Francisco se refirió a esto como una “colonización ideológica” cuyas intenciones han sido descritas por otros eclesiásticos como “diabólicas” y, por extensión implícita, que deben ser sancionadas.

Además de estigmatizar a las personas del mismo sexo que manifiesten el amor mediante el afecto físico o el matrimonio, las ideologías de género y de la heteronormatividad explican proclamaciones tales como “le voy a dar en la cara, marica” del expresidente Álvaro Uribe y “si mi marido me casca es porque me la gané” de la exsenadora uribista Liliana Rendón, así como la oposición de la “liberal” Viviane Morales a la adopción gay, la homofobia en el interior de las Fuerzas Armadas internacionalmente, los comentarios sexistas sobre la personalidad dura, el peinado y la ropa de la candidata estadounidense Hillary Clinton, e incluso el escándalo dentro de la Iglesia católica, en donde el sexismo, la abstinencia y la prohibición del matrimonio han coexistido durante siglos con la tolerancia de la homosexualidad y el silencio sobre la pedofilia.

Pese a las diatribas ideologizadas de distintos sectores conservadores, lo que significa ser mujer y hombre está en disputa en el mundo y en Colombia. La creación de espacios respetuosos de estas diferencias, sobre todo con miras a construir la paz, resulta urgente.

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