Por: Columnista invitado

Indignación temporal

Esta bestia monstruosa envasada en cuerpo de hombre, Rafael Uribe Noguera, nos tiene como nación en desconcierto, como si la niña Yuliana Andrea Samboní fuera un caso aislado de rapto infantil, feminicidio infantil y violencia sexual pedófila.

Por: Mar Candela*

El escándalo debería ser diario dado que en Colombia 21 niñas  pasan por la misma historia a diario. El arquitecto de clase privilegiada es igual al monstruo de Monserrate o a Garavito.

¿Qué hizo que tuviéramos especial atención en este caso?

Que nos sorprende ver a una bestia millonaria; no leemos, no nos instruimos y por eso no sabemos que en la historia de la humanidad desde antes de Jesucristo, los grandes sádicos y siniestros, pedófilos y misóginos, han estado en las esferas de poder. Por ejemplo en el gran imperio romano, en la antigua Grecia, y aquí en Colombia la cosa no es muy distinta. Si revisáramos nuestra historia encontraríamos casos de perversión siniestros y aterradores en los diferentes estratos sociales y roles.

El sector donde mataron a Yuliana es uno de los más vigilados del país. De hecho, hacia el norte viven personas ricas e influyentes. Está claro que de nada sirvió.

Señoras y señores, les cuento que esto es el pan de cada día. Que ninguna colombiana está segura en su país, ninguna niña, ninguna mujer puede vivir sin miedo en la actual Colombia. Y no es culpa de las víctimas por andar “dando papaya”. como día tras día tengo que escuchar y leer.

La ingenuidad de confiar, de no querer vivir con psicosis, no nos hace culpables de ser víctimas.

Es increíble leer a tantas personas que afirman que a Yuliana le sucedió todo esto porque los papás la dejaron salir a jugar las 9 y 10 de la mañana. Los padres se sentían seguros justamente por estar en un lugar donde en teoría se respiraba bienestar social.

Yo dejo a mi hija jugar libremente en el conjunto residencial donde vivimos y ahora tengo miedo.

Supongo que la solución que proponen es enjaular a los niños y niñas para aislarlos de cualquier potencial peligro, y no dar penas sin rebajas a toda persona responsable de cualquier tipo de violencia sexual. Supongo que la solución es que todo el mundo se encierre por miedo, y no encerrar a estas bestias lejos de la sociedad, sin premiarlas por buen comportamiento.

No puedo creer que tengamos que darles beneficios y mimos jurídicos a aquellos que son peligro para la humanidad.

 IUS-GEN colectivo jurídico de Feminismo Artesanal hizo sus reflexiones al respecto:

Para el penalista Augusto Ocampo, “se requiere que el depredador sexual sea castigado ejemplarmente; por eso insiste en que lo que procede es procesar, al amparo de la ley 1098/06 que impide todo tipo de rebajas acuerdos y libertad condicional o disminución de la pena por allanamiento a cargos o confesión.

Para la jurista Ilse Carolina Peña, conocedora de temas de género, y en sintonía con la posición del penalista, explica: La ley 1761 de 2015, que tipifica el feminicidio, uno de los delitos que se le imputaron a Rafael Uribe Noguera, permite llegar a preacuerdos para acceder al beneficio de una rebaja de pena en caso de aceptar los cargos (los delitos que se le atribuyen). Uribe Noguera no los aceptó; sin embargo, su familia dice lo contrario.

Esto me genera muchas preguntas. Una de ellas, ¿qué están buscando? ¿Será que pretenden hacer ver a esta bestia humana con algún problema mental?, para logra algún beneficio jurídico. Si pensaban aceptar cargos, ¿por qué no lo hicieron mediáticamente desde el inicio? ¿Sabremos quién modifico o alteró el lugar de los hechos? Ya es claro que el verdugo de Yuliana se drogó después de los hechos y no antes.

La señora secretaria de la Mujer, Cristina Vélez, en Bogotá, en su discurso del 25 de noviembre, dijo al Concejo: “la problemática de la violencia de género es una cosa que cargamos todos los días no solo el 25 de noviembre “

Hago mías sus palabras. Entiendo su reproche político cuando reclama que se ocupen de estos temas solo en días emblemáticos cuando hay pandemia de feminicidio en el país.

Aquí nos acordamos del tema solo cuando hay casos escandalosos y mediatizados. Todos los días en Colombia una mujer es asesinada, todos los días somos violentadas, abusadas y torturadas en alguna parte del país de los acuerdos de paz. Y no sé cada cuánto una mujer decide suicidarse cansada del sistema, de pelear contra la corriente, y no la juzgo porque yo también he tenido ganas. Lo que pasa es que han sido más ganas que agallas. El Estado y la sociedad son feminicidas cada vez que nos presionan a ser las mujeres que no somos para guardar los protocolos de una conducta políticamente correcta. Y de no hacerlo, nos cerrarán campos de acción. Cuando nos callan o nos llevan al borde del miedo, la sociedad y el Estado se convierten en verdugos de las mujeres.

¿Qué mujer desea vivir presa de este sistema? 

¿Qué madre puede sentir paz sabiendo que cualquier hombre es un potencial peligro para ella y sus hijos?

Le debemos al sistema las cientos de mujeres suicidas y las farmacodependientes por depresión.

Le debemos al sistema el silenció de cientos de mujeres por miedo al escarnio público. Silencio que muchas veces  termina en feminicidio.

Yo soy una sobreviviente y, mientras sobreviva, seré una piedra en el zapato para el sistema enemigo de las mujeres vivas, sanas y libres.Mientras viva gritaré que somos putamente libres, como un hechizo que un día quebrara toda la excusa patriarcal para aniquilar a las mujeres.

Nos quieren como Zombies  

Lo que soy yo ya no quiero ni un minuto más de silencio por nuestras muertas.

Quiero gemidos indecibles en todas las calles del país, gritos de parto protestando y retando a la sociedad colombiana a no ser indiferentes.

Yo sigo convocando a las voces que defienden causas justas a sumarse a este llamado. Para irnos el próximo año 2017  de paro contra el machismo. Vamos a parar el país contra la violencia de género. Contra el machismo y el patriarcado..

Ya no quiero más indignación temporal.

Quiero que salgamos y paremos el país. Hasta que nos duela de verdad. Hasta que nos duela el cuerpo y  la voz del agotamiento por protestar. Hasta que toda mujer se contagie de rebeldía contra cada macho. Y veamos como la nación entera dice no más.

Y no quiero que seamos las mismas organizaciones de siempre. Yo quiero que esto lo haga el país al unísono. Y espero contar de verdad, con todas esas voces justas.

* Ideóloga, Feminismo Artesanal

 

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