Por: Mario Fernando Prado

Integración entre el Valle y el Cauca

Con ocasión del posconflicto con las Farc —si es que se va a dar, y ojalá—, uno de los departamentos que serán albergue de los desmovilizados será indudablemente el otrora Cauca Grande, reducido ahora a un territorio de guerra, miseria e incertidumbre.

Alguna vez hace ya varios años publiqué una columna intitulada “Réquiem por el Cauca”, en la que pronosticaba en lo que iba a quedar ese departamento y, la verdad, me quedé corto.Alguna vez hace ya varios años publiqué una columna intitulada “Réquiem por el Cauca”, en la que pronosticaba en lo que iba a quedar ese departamento y, la verdad, me quedé corto.

Incluso el alcalde de Popayán por esos días —el hoy presidente del Congreso, Luis Fernando Velasco— desaprobó tal comentario comparándome con un personaje payanés llamado Chancaca, que bebía por las mañanas y tocaba flauta por las tardes, mientras que el hoy exgobernador Temístocles Ortega estuvo de acuerdo.

Han pasado varios lustros desde cuando se desató tal polémica, que como muchas cosas de esos lares terminó en nada. Pero los caucanos se fueron aislando tanto de sus vecinos que se convirtieron en algo así como ciudadanos de tercera y en una especie de patitos feos sin entender —como en el caso del Valle— que cuando a tu vecino le cae la roya, debes poner tus barbas en remojo.

Hoy, y a pesar de las grandes diferencias económicas que son palpables entre estos dos departamentos, las circunstancias sociales los acercan cada vez más sin que nada se haya hecho para formar un frente común tal y como lo propusieron en su momento los mandatarios Guillermo Alberto González Mosquera y Francisco José Lourido Muñoz.

Urge que exista una retroalimentación y lo que llaman ahora una sinergia valluna y caucana, y no sólo a nivel gubernamental, sino también empresarial, porque muchas empresas del Valle tienen factorías en el norte del Cauca, sin olvidar los vínculos de sangre que unen a una gran cantidad de sus habitantes.

Ojalá esta ya vieja iniciativa no se quede en simples propuestas editoriales y termine “enchuspándose”, como tantas y tantas propuestas que yacen engavetadas en los anaqueles del olvido, porque si no, vamos a terminar llorando como cobardes lo que no fuimos capaces de afrontar como valientes.

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