Por: María Claudia García

Inteligencia emocional para cambiar el mundo

Caer bien, generar empatía o hacer conexión con los otros, es un valioso tesoro que se ve reflejado en el éxito de nuestras relaciones interpersonales.

Muchos de nosotros hemos conocido este tipo de personas que a simple vista nos enganchan y que de alguna u otra forma su energía nos atrae o que nos hacen sentir en confianza, como que los conocemos de toda la vida, aunque solo sean pocos instantes a su lado. Ellos nacen con la inteligencia emocional absolutamente desarrollada y les es natural simpatizar con la humanidad. Hay  otros a los que les interesa un pepino lo que los demás piensen de ellos y no hacen absolutamente nada por caer bien y otra gran parte de la población intenta agradar a los que lo rodean sin tener mucho éxito. Pero en un planeta en donde la vida en sociedad es el eje de las relaciones es indispensable formar vínculos sólidos con las personas que tenemos a nuestro alrededor.

La gran mayoría de los trabajos y ocupaciones requieren de dicha inteligencia emocional para ser exitosos, y esto no se enseña en la escuela y mucho menos en la universidad, pero debería ser una materia desde bien pequeños en donde se aprenda a ser conscientes de nuestras propias emociones y nos enseñen a relacionarnos con los otros, basados en el respeto, así como en prevalecer el bien común antes del propio, para reconstruir esta sociedad tan afectada por las individualidades.

Es gran responsabilidad de adultos como usted y como yo, hacer algo en nuestra cotidianidad por mejorar nuestra sociedad. Poner un granito de arena, dejar de quejarnos de los gobernantes que elegimos, del clima o la situación y a partir de lo que podemos hacer con nuestra familia, amigos y vecinos construir un mundo en donde se cambien los estereotipos de corrupción y violencia por unos lineamientos de sana convivencia y paz.

Mi invitación es a hacer un cambio de percepción, a pensar en gratitud en vez de rencor. Porque la gratitud es amor y el amor debe ser más fuerte que el miedo; todo aquel que no perdona tiene miedo y vive amargado. A la gente amable que no se queja, no habla mal del otro y no se inventa problemas, definitivamente le fluye la vida y le pasan cosas buenas.

Seamos de esas personas cuyo primer instinto al hacer contacto visual es sonreír, de los que se interesan realmente por lo que el otro les está hablando, le miran a los ojos y dejan su celular a un lado para poner atención a la conversación, de los que se ponen en los zapatos de aquel que no les cae muy bien e intentan entender que lo motiva y por qué actúa de esa forma en vez de juzgar, criticar y atacar.  Seamos de los que tienen un buen gesto con todo aquel que se encuentran en la calle, que saludan en el ascensor y que  seden el paso al entrar a un lugar. Seamos de las personas amables y calurosas que siempre tienen un sincero cumplido y reconocen las cualidades positivas de los demás.

¿Qué puedes hacer tú para cambiar el mundo en tu día a día?

Espero tus comentarios en: [email protected]

@mariaclaugarcia

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Claudia García

Un líder con propósito

Cuando admires algo en otro, díselo

La falsa concepción de la mujer empoderada

El amor eres tú

Mujeres que apoyan mujeres