Por: Carolina Botero Cabrera

Internet o cloaca para todos

No leo a Carolina Sanín porque no me gusta el constante insulto (por eso tampoco leo a Fernando Vallejo), pero reconozco el valor que para nuestra sociedad supone entender que las mujeres hablan en público y que pueden hacerlo duro.

Los Chompos son “outsiders” que están en contra de todo sin más, sin límites y usan “humor negro”. Sin embargo, ya no hablan en los muros del baño público, en un espacio marginal de miradas furtivas y sonrisas cómplices. Cuando las expresiones misóginas --o racistas, o etcétera-- que incitan al odio y la violencia sirven para discriminar y la incitación puede materializarse, sus acciones no pueden apoyarse en la libertad de expresión. Los Chompos reclaman el espacio virtual para su irreverencia, pero al cosificar a Sanín, mostrarla con un ojo negro (símbolo de una violencia de género masiva en Colombia) y aparecer con pistolas de juguete en una manifestación en apoyo a ella pasan de insultar a amenazar. Deja de ser broma, ya no son marginales.

Estas violencias son amenazas reales para la propia libertad de expresión. La Internet que conocemos como espacio abierto y amplio, la plaza pública donde cualquiera puede oír y hacerse oír, la están tomando quienes gritan más duro, amenazan y amedrentan, quienes son capaces de asustar con acciones reales.

Con estas amenazas a quienes por su condición de género, orientación sexual, clase social, grupo étnico o atributos físicos, son minoría los están sitiando. Me preocupa sobre todo que los activistas, curtidos en múltiples batallas, afirman que ya no aguantan más, que se recrudece la violencia sin que parezca que la exposición pública sirva para el diálogo.

La libertad de expresión no es absoluta, ni lo justifica todo. Defender la existencia de límites es también proteger este derecho. De no hacerlo, las solicitudes de quienes se sienten amenazados para que intermediarios (ej. Twitter, Facebook, Youtube) o jueces bloqueen o retiren contenidos y acaben con el anonimato tendrá efectos negativos en los logros para el ejercicio de derechos humanos en Internet. Creo firmemente que con educación y entre todos, especialmente quienes ostentan posiciones de poder, debemos comprometernos por comunicar con respeto para educar en el diálogo. Solo así evitaremos que la regla sea la cloaca.

 

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