Por: Daniel Emilio Rojas Castro

Jaime Jaramillo Uribe, 1917-2015

Un artesano de la historia amalgamado con el tiempo.

El maestro de la historia colombiana Jaime Jaramillo Uribe nació el 1 de enero de 1917, en Abejorral, Antioquia, y falleció el 25 de octubre de 2015 en Bogotá. Sus padres fueron Teodoro Jaramillo Arango y Genoveva Uribe Ochoa, quienes hicieron parte de las últimas oleadas de la emigración antioqueña hacia Caldas, Quindío y Risaralda a principios del siglo XX.

Brillante estudiante de la Escuela Normal Superior de Bogotá, profesor del colegio Nicolás Esguerra, del Instituto de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de los Andes, de las Universidades de Hamburgo, Vanderbilt y Oxford, fundador del Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, director científico de la Nueva Historia de Colombia, embajador en Alemania y director del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina, Jaramillo Uribe fue un explorador incansable de las Ciencias sociales.

Confrontado a un panorama de explicaciones maniqueas sobre el pasado colombiano, optó por explicarlo y comprenderlo sin condenar o deificar a nadie. Entre la algarabía de próceres, genealogías y biografías su trabajo resultó ser una verdadera revolución. No fue el primero en introducir una visión sistemática del pasado nacional, pero si su trabajo basado archivos, en el diálogo permanente con la Economía política, la Geografía, la demografía y la Sociología fueron una verdadera innovación en el campo. A la larga se convirtió en el historiador más influyente de toda una época. Cuando le preguntaron cómo había hecho tantas cosas en su vida, respondió: « pues haciéndolas ».

Golpeé a la puerta de su oficina en la Universidad de los Andes en el año 2001, para preguntarle su opinión sobre los cuatro tomos que Ignacio Torres Giraldo dedicó a ‘los inconformes’ de la historia colombiana. ‘Vale la pena leerlos’, me dijo, pero añadió que la ideologización excesiva y la ausencia de referencias le restaban valor a cualquier trabajo. De ese primer encuentro recuerdo su colección de pipas, los nombres de Luis Ospina Vázquez y Gerardo Molina, y sobre todo la modestia con la que un historiador debe aprender a observar su oficio. Volví a solicitarlo en muchas oportunidades : para hablar sobre la relación entre la Historia y la Filosofía en una jornada de estudiantes en el 2003, para celebrar un evento conmemorativo en el municipio cundinamarqués de Nocaima en el 2004, para entrevistarlo sobre la creación de la Universidad de los Andes y de su departamento de Historia… su notoriedad no le impidió permanecer en contacto permanente con sus colegas y estudiantes. Bastaba con golpear a su puerta.

Pionero en muchos campos, maestro de varias generaciones de historiadores profesionales, su ensayo sobre la personalidad histórica de Colombia y su libro sobre el pensamiento colombiano en el siglo XIX son dos referencias obligatorias para entender a nuestro país. La agudeza de sus ideas y la riqueza de sus argumentos no silenciaron la estética de su escritura: cualquiera que descubra sus textos verá que también era un fino conocedor de la lengua y la narración. La historia, escribió una vez, es quizás el único saber que nos da el sentido de la realidad para librarnos “de las muchas ilusiones y de las muchas utopías en cuyo nombre se han producido tantos acontecimientos trágicos e inútiles”.

Ahora que resurge el punto de vista de la historia intelectual y cultural para interpretar el pasado mundial conviene releer dos de sus escritos, menos conocidos que los anteriores, pero no por ello menos importantes: el ensayo « Tendencias científicas y frecuencias temáticas del pensamiento histórico latinoamericano”, y la conferencia « Las relaciones culturales entre Europa y América latina. Realidades y equivocaciones », que dictó en 1980 en Berlín, frente a un grupo de diplomáticos latinoamericanos y de funcionarios de la República federal Alemana.

Esposo de la antropóloga Yolanda Mora, padre de la actriz Rosario Jaramillo y del pintor Lorenzo Jaramillo, Jaime Jaramillo Uribe fue una modelo de apertura, tolerancia y generosidad intelectuales en un mundo académico que no siempre tuvo los mismos atributos. Una palabra de homenaje al artesano de la historia amalgamado con el tiempo: ‘carpent tua poma nepotes’.

 

 

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