Por: Iván Mejía Álvarez

James

Los síntomas que viene emitiendo el tema James no son buenos. Los medios españoles, y no necesariamente los periódicos antimadridistas de Barcelona, hablan de la preocupación de la dirigencia del cuadro blanco por el comportamiento de su joven estrella, por quien hicieron una de las cinco inversiones más costosas de la historia.

Primero fue la llegada tarde a los entrenamientos tras la Copa América, que enojó a Benítez. Mientras lo recuperaban físicamente, con 15 días menos de trabajo respecto a sus compañeros, vinieron los primeros enfrentamientos con el técnico. Después, sin estar todavía en plena forma, se lesionó en el amistoso de Colombia con Perú, en Nueva Jersey. Las idas y venidas del caso, los temas médicos dudosos, las contradicciones entre las informaciones oficiales y las del seleccionado, terminaron por agrietar la relación con el adiestrador. A continuación, una suplencia en forma de castigo, las malas caras y los enfrentamientos verbales, la conducta rebelde del jugador aliado con Ramos y Cristiano en la misión de sacar a Benítez, técnico ríspido y agrio con el que nunca tuvieron empatía ni él ni la plantilla. El episodio de la persecución policial por transitar a 200 kilómetros en una autopista madrileña, los runrunes permanentes de la prensa del corazón que le ubican una novia acá y otra allá, nunca confirmados oficialmente pero tampoco desmentidos, y ahora la suplencia con Zidane en el primer partido cuando se esperaba que fuese titular.

La esposa y la hija en Medellín, lejos del entorno matrimonial, el muchacho pintoso, acaudalado, mediático, caldo de cultivo para cualquier tipo de rumor, propicio a que le inventen historias y romances, y el fútbol ausente, porque la verdad es que no está jugando bien. Esto no pinta bien.

James, además, ha sufrido la inestabilidad táctica de una plantilla mal confeccionada en la que los caprichos de Florentino obligan a poner los tres delanteros y donde no hay equilibrio. A él le cambiaron su puesto en la cancha y lo ha sentido mucho.

Sería una lástima , un doloroso golpe para todos sus fanáticos, incluido este periodista, que, más allá de la rumorología, el futuro de James esté cuestionado por ausencia de trabajo, convicción en los entrenamientos, respeto a la profesión. El peso de la fama y el dinero no pueden desquiciar a quien el destino dotó de maravillosas condiciones para jugar al fútbol. Su cabeza tiene que estar bien puestecita, como lo hizo al principio, para entender que todavía no ha ganado.

El Real desmiente todo y protege su imagen pública, pero quienes indagan un poco sobre el tema quedan preocupados porque, de no cambiar, de no readaptarse totalmente a las leyes del fútbol, trabajo, esfuerzo y disciplina, James será otra decepción y flor de un día.

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