Por: Maureen Dowd

La candidata republicana perfecta

Todos esos republicanos desconsolados que se quejan por no poder apoyar al candidato de su partido están locos. Ya nos tienen hartos con la angustia del Partido Republicano, el rechinar de dientes y los plañidos, la búsqueda de sustitutos de última hora y de estrategias de salida.

Ya tienen a un miembro del uno por ciento que estará totalmente a sus anchas en la Oficina Oval, alguien que va a ayudar a Wall Street, impulsar a la Cámara de Comercio, a acurrucarse con los fondos de cobertura, a firmar los tratados comerciales tan del gusto del mundo empresarial, a buscar orientación con Henry Kissinger y a aprestar el bridón, desatando el infierno en Siria y sabrá el diablo donde más.

Los republicanos ya tienen a su candidata: es Hillary. No pueden irse con Donald Trump. Es demasiado volátil y deschavetado. Puede contarse con que la otrora chica Goldwater y artista de Goldman Saches hará las cosas políticas normales, no las cosas anormales y fuera de control. Las propuestas de Trump podrían arrastrarnos a la guerra, hundirnos en la recesión y despedazar a Washington en miles de trocitos.

Hillary va a mantener a salvo al establecimiento. ¿Después de todo, quién es más parte del establecimiento? Su esposo fue presidente y revocó la ley Glass-Steagall, promulgó la ley de defensa del matrimonio y se deshizo de esas molestas reinitas de la asistencia.

Basada en sus raíces metodistas del oeste Medio y aprovechando su primogenitura, Hillary a veces parece más republicana que el rey del oropel, que solía ser demócrata y donador de candidatos demócratas hasta que se brincó la cerca.

Hillary Clinton es una criatura confiable de Wall Street. Su declaración de impuestos muestra que la pareja Clinton ganó US$ 10,6 millones el año pasado y, al igual que otras familias súper ricas, se incorporaron con la Corporación Clinton de Servicios Ejecutivos (que pagó por los infames servidores de correo electrónico). Trump ha estado mostrando bobos diagramas en sus actos, en los que aparece que Hillary recibió US$ 48,5 millones de aportaciones de fondos de cobertura, mientras que él solo recibió 19,000 dólares.

A diferencia de Trump, ella no se ha dedicado a criticar a republicanos de alto nivel. Sabemos que sus amigos John McCain y Lindsey Graham la alientan en privado. Ha habido una cascada de republicanos destacados que apoyan a Hillary, le donan dinero, aparecen en sus anuncios hablando de sus encantos.

Robert Kagan, asistente del departamento de Estado en el gobierno de Ronald Reagan, asesor de las campañas de McCain y Mitt Romney y promotor de la guerra en Irak, encabezó un acto de recaudación de fondos para Hillary hace unas semanas. Otro neoconservador, James Kirchick, advirtió en The Daily Beast que “Hillary Clinton es la única persona que está entre Estados Unidos y el abismo”.

Ella finalmente logró despertar cierta emoción entre las mujeres, aunque sean solo republicanas suburbanas moderadas que ansían dejar atrás a su propio candidato, que tiene el aire retro del tipo que acaba de salir de los oscuros recovecos de un club de desnudistas.

La candidata demócrata sacó un anuncio para criticar a Trump, en el que aparece Michael Hayden, funcionario de la NSA y de la CIA durante el gobierno de George W. Bush, que fue considerado “incoherente” por el senado cuando presentó su testimonio sobre métodos de tortura. Y se ganó el apoyo de John Negroponte, ayudante de Reagan vinculado con los escuadrones de la muerte en América Latina entrenados por Estados Unidos.

Politico asegura que el equipo de Clinton sondeó si Kissinger, el Voldemort de Vietnam, y Condoleezza Rice, la inventora del hongo nuclear del apocalipsis de Saddam Hussein, apoyarían a Hillary.

Hillary declaró que Kissinger es un amigo “idealista” cuyos consejos apreció como secretaria de Estado. Eso suscitó una censura por parte de Bernie Sanders durante las primarias: “Me enorgullece decir que Henry Kissinger no es mi amigo”.

El equipo de Hillary se siente aturdido por el aluvión de republicanos y neoconservadores que huyen de la catástrofe de Trump. Pero como advirtió David Weigel en The Washington Post, el espectro de Kissinger, el hombre que le aconsejó a Richard Nixon que prolongara la guerra de Vietnam para ayudarse en la reelección, alimenta la idea de que “la candidata demócrata ha vuelto a sus usanzas belicosas y de nuevo está dando por sentado el apoyo de los progresistas”.

Isaac Chotiner señaló en Slate: “La perspectiva de que Kissinger tenga influencia en la Casa Blanca de Clinton es definitivamente horrible”.

En muchos sentidos, Hillary es una apuesta más segura que Trump para los conservadores. Al republicano le gusta decir que es flexible. ¿Qué pasaría si regresara a sus posturas liberales en materia de control de armas y derecho al aborto?

Trump es demasiado incendiario en su forma de hablar y lanzó la peligrosa y destructiva insinuación sobre la “gente de la segunda enmienda” que eliminaría a Hillary, o de que el presidente Barack Obama y Hillary son los fundadores del Estado Islámico. Y sigue ciegamente a su ego, sin llegar a comprender lo básico de una campaña. “No sé que necesitemos hacer que la gente salga a votar”, declaró a Fox News el jueves. “Creo que la gente que quiera votar va a salir a votar, y va a votar por Trump”.

Hillary, por su parte, conoce el lenguaje y los rituales de Washington. Por supuesto que se hacen favores a los grandes donadores. Y si alguien quiere hacer algo increíblemente nocivo para el país, como permitir que George W. Bush cometa el peor error de política exterior en la historia de Estados Unidos, no se gritan insultos incendiarios y falsos desde un micrófono.

Hay que tomar el micrófono con calma, como hizo Hillary en el Senado el día que se aprobó la guerra en Irak, y acusar a Saddam de dar “ayuda, consuelo y refugio a terroristas, como Al Qaeda”, repitiendo los falsos argumentos del gobierno en favor de la guerra.

Si quiere llevar el estandarte republicano, las mentiras deben ser más sutiles.

Como observó el estratega republicano Steve Schmidt en MSNBC, “el candidato en la competencia más parecido a George W. Bush y Dick Cheney en términos de política exterior es de hecho Hillary Clinton, no el republicano”.

Y es que así es como les gustan sus locos a los republicanos, no como Trump, sino como Cheney.

2016 New York Times News Service

 

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